El viento golpeaba con fuerza en cada residencia de aquel pequeño barrio, hacía mucho tiempo que no se había visto una tormenta como aquella y todo Bristol estaba intentando resguardarse esperando a que la calma volviese a sus vidas. Sin embargo, para una de aquellas familias, la calma nunca volvería a ser posible.
Los señores Tremaine, Amelia y Byron,una pareja que por mucho que habían intentado, nunca habían conseguido agrandar su familia. Fue aquel día, veintisiete de mayo de 1980, cuando dos criaturas fueron abandonadas en la puerta de la casa Tremaine.
( Actualidad. Once años más tarde.)
―¡Adéle! ¡Avery! ¡Ha llegado una carta para vosotras! ―Los gritos de Amelia se escuchaban por toda la casa, incluso Adéle, en sus pensamientos, podía apostar que los vecinos sabían que ellas, por primera vez en su corta vida, habían recibido una carta. ¿Qué si estaba nerviosa? ¡Por supuesto!Alguien, en algún lugar fuera de su barrio, sabía que existían y aquello era realmente sorprendente, ¿no?
Las dos pequeñas, una morena y otra rubia, se levantaron del sofá en el que habían permanecido toda la mañana viendo una de sus series, como de costumbre, y se dirigieron corriendo hacia su madre. Querían abrir aquella misteriosa carta lo antes posible, querían borrar la intriga que se estaba formando en sus mentes con cada segundo que pasaba sin que esa carta anónima estuviese entre sus manos. Fue en aquel momento en el que Amelia, sin poder evitarlo, fue empujada por Avery y Adéle haciendo que las tres cayesen al suelo. Las pequeñas, sin importarles nada más que aquel sobre blanco, cogieron las dos cartas de entre las manos de su madre y salieron corriendo dejando tirada en medio del recibidor a su madre, la cual soltó un suspiro de pesadez, ¿por qué no podían ser más calmadas? Aquella era la misma pregunta se llevaba haciendo desde que sus hijas aparecieron en su puerta y por desgracia, o por suerte, aún no había sido capaz de conseguir una respuesta.
La fémina resopló con resignación y se levantó del helado suelo con la ayuda de la pared, no se había hecho daño pero esperaba que aquello no sucediese más, ellas no eran tan pequeñas como para ir corriendo de un lado a otro sin mirar donde ponían sus pies. Soltó un pequeño suspiro antes de echar a caminar detrás de sus hijas pero un grito por parte de una de ellas,concretamente de Avery, hizo que se olvidase de su tranquilo paso para pasar a correr y así llegar lo antes posible hasta ellas. Un hombre alto, de barba blanca y larga con unas gafas en forma de medialuna, algo diminutas para las proporciones de su cara, sujetas a su nariz y una ropa bastante estrafalaria para cualquier persona normal,estaba posado entre las pequeñas y su chimenea. La mujer quería gritar, quería llamar a la policía, quería salir corriendo pero sus pies estaban anclados al suelo impidiendo hacer cualquier movimiento que le diese la total libertad así que solo podía tratar de que él se fuese.
―¿Quién demonios es usted y como ha entrado en mi casa? ¡Váyase antes de que llame a la policía?
―¿A la policía? No creo que eso sea necesario señora Tremaine...― La voz de aquel hombre era serena y una sonrisa, para nada maléfica, apareció en su rostro. ―Me llamo Albus, Albus Dumbledore y soy el director de Hogwarts, la Escuela de Magia y Hechice...
―¿Magia? ¿Me está tomando el pelo? ―La voz agitada de la madre hizo que Avery y Adéle corriesen detrás de esta. ― ¡Váyase! ¿Es qué no escucha?
―Señora...Sus hijas, Adéle y Avery son brujas. ― Albus señalo primero a la rubia y segundos después pasó su mano hasta la morena. ― ¿Recuerda la carta que recibió hace once años? Usted ya sabía que este día llegaría, ellas deben descubrir lo que son y no puede imponerse a ello. Por favor, reconsidere su respuesta, aquí tiene sus cartas de admisión. ― Recogió los dos sobres medio abiertos y los depositó en la mano de Amelia, se dio media vuelta y desapareció haciendo que la fémina fuese al fin capaz de moverse.
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Mareas etéreas.
FanfictionSiempre se ha sabido que hasta el más fuerte tiene una debilidad, que el más poderoso no tiene la fuerza que siempre ha divulgado tener por temor a ser vencido. Las balanzas de la vida tienen un mismo ser, todos somos vulnerables por mucho que lo es...