El día con sol

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-Atate el pelo- gritaba mi madre desde la orilla. Me gustaba sentir la brisa, el calor y el pelo enmarañarse por los fenómeno naturales, que eran, de alguna forma, los que me recordaban que estaba vivo.                                  - Pablo, atate el pelo y tratá de no alejarte demasiado que estoy con tu hermanito acá-.  Claramente hice caso omiso a ambas peticiones y me alejé tras la primera ola que logró seducirme. Cuando me quise dar cuenta ya no veía a mi familia. El mar es traicionero y tiene muchos trucos, pero el que mejor le sale es el de llevarte hacia sus profundidades, chuparte literalmente. No tuve miedo, sé nadar. Pero eso no alcanzó. Las cosas parecieron complicarse cuando mi cuerpo se debilitaba. Soy demasiado delgado, poco entrenado y la resistencia no es lo mio... más de una vez me dejé llevar. No es que sea un fanático del destino incierto. Soy, más bien, un desagradecido ...dicen. Así que ahí estaba, sintiéndome vivo , mientras creía desfallecer en los brazos de, ya casi, las profundidades del mar. Los brazos dije. Me abraza. Es un cosquilleo exquisito. Puedo sentir todo y la nada.  Al borde del sueño y la realidad abrí los ojos. Vi un cuerpo femenino sobre mi. Vi un rostro brillante y mojado. Quise tocarla, pero huyó. Me encontraba en una orilla, sin saber dónde , ni cómo había llegado, pero lastimosamente vivo. Bajo el sol .

La nadaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora