~Amy~
Ya era de noche, la señora me había dicho que mi madre estaba estable que en unos minutos más nos íbamos a ir a casa, supongo que a nuestra casa pero lo dudo debería estar cerrado por los policías entonces a ¿donde vamos?.
Me encontraba vistiéndome con la ropa que me había comprado la señora, se lo rechace por mas de dos veces, hasta que me rendí; tenía puesto unos jeans, una blusa roja y mis converse blancas iba cómoda pero casual, la señora sabia mi estilo o sólo la eligió alazar.
-Hola hija- escuché una voz débil. -que guapa te vez- sonreía tranquila.
-¡¡MAMÁ!!- grité de emoción de saber que estaba bien. -mamá estaba tan preocupada- la fui abrazar fuerte no quería que se fuera de nuevo y me dejara sola ya no.
-calma bebe aquí estoy- la abraza y acaricia su cabello. -ya no me iré siempre me tendrás contigo no importa donde estés estaré contigo mi niña- sentí como mi hombro se mojo, mi madre estaba llorando.
Sentí que esas palabras tendría que guardarlas para siempre, sonaban como despedida pero no quería imaginarmelas hacia.
Mi mamá empezó a cantar estaba tan distraída que no me había dado cuenta que estamos en la cama, yo abrazándola mientras que acaricia la cabeza y depositaba besos en esa zona.
Mi madre siempre salia contarme desde pequeña a mi hermana y a mi cuando estábamos tristes o sólo para dormir; Mi padre había veces que gritaba solo desde la sala mal diciendo a todos y mi mamá se venia a nuestra habitación a tranquilizar nuestro llanto cantando un canción y abrazandondonos al igual depositado besas en nuestras pequeñas cabezitas.
~Gael
Mi padre de encontraba preocupada cuando recién llegue, ¿como lo supe? El estaba dando vueltas como loco por toda la sala mordiéndose el dedo pulgar, yo me encontraba sentado en unos de los sillones que se contraban ahí desesperado.
-¿que te dijo tu mama cuando la llamaste Gael?- pregunto por fin sentándose.
-que se encontraba en el hospital pero nunca me dijo por que razón- respondi ahora levantándome yo y caminar hacia la cocina tenía hambre.
Entre a la cocina para prepararme un sándwich pero una de las que trabajaba ahi me lo impidió que me lo hiciera sólo. A veces me molestaba el hecho que me tratarán así ¡puedo hacerlo solo!.
Espere unos minutos para que me lo hicieron ya que me pegaban manotazos cuando intentaba ayudar las mujeres que trabajan aquí al igual que hombres me llevaba bien con ellas hasta parecían mas a mi familia que la que tengo.
-listo aqui esta tu sándwich pequeño- me extiende el sándwich y lo agarro sin dudarlo.
-gracias Martha- agradecí con una sonrisa.
-que te dije- alzo su ceja como en señal de regaño.
-digo... Abuelita gracias- dije abrazándola.
-¿como esta tu mamá? ¿ya llego?- pregunto mientras iba a guardar todo las cosas que saco para hacerme el sándwich.
-no aun no llega, pero aun asi sigo preocupado aunque no se note- rei nervioso.
Al igual que mi abuela sonrie casi a carcajadas negando con su cabeza haciendo que me sonroje de la vergüenza y ella lo noto.
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Tu voz Tu canto
Novela JuvenilCon solo escuchar tu canto me quitaste todo ese dolor, sufrimiento, depresión y agobió; Tu voz iluminó no solo mi camino sino tambien a mi corazón quien estaba destrozado, oscuro y sin sentimiento alguno.
