La tarde había llegado y el sol se había ocultado ya en algún punto del cielo cuando volvimos al departamento.
Había sido increíble haber pasado todo un día con Dylan cuando no estaba en mis planes.
Me sentía mal a veces de haber utilizado a Froy en varias ocasiones para sacarle ese rostro molesto y un ceño fruncido a Dylan. Pero más allá de la remota culpa, se sentía bien.
—¡Uff! Fue un día magnífico el de hoy —dijo Froy, riendo complacido.
—Lo fue —concordé—. Gracias, Froy.
Besé su mejilla ligeramente coloreada por una bella pincelada rosa y crucé los dedos porque el ceño fruncido de Dylan apareciera de nuevo en su bello rostro. Le miré por la colilla del ojo cuando me alejé de Ftoy y lo vi con las manos en sus bolsillos y la mirada baja, como si quisiera evitar ver. La fierecilla se decepcionó.
—Hasta luego, Froy —le dije.
—Hasta luego, principessa —rió, tímido, luego dio la vuelta y se introdujo al departamento de su tía.
Miré a Dylan quien ahora esbozaba una linda sonrisa, ¿no le había afectado en nada mi patético intento por ponerlo celoso?
—Qué grosero es Froy, no se despidió de mí —dijo, pero mantenía aún esa sonrisa.
—Es un poco despistado, no te lo tomes a mal —sonreí.
Abrí la puerta y él me siguió.
—Son las seis treinta de la tarde, ¿qué quieres hacer? —me preguntó.
—Estuve caminando casi todo el día por la plaza, no creo que me queden ánimos de hacer algo más —musité, aventándome al sofá y dejando la rosa roja sobre la mesa de centro.
—¿Quieres jugar cartas? —sugirió, sentándose a mi lado.
—No, siempre me ganas —hice un puchero y él rió por lo bajo.
—Bueno, que tal... ¿ver una película?
—Ya vi todas las que Kourtney tiene, y me da pereza ir hasta el video club a rentar una. Lo siento —musité, negando.
—Está bien, ¿por qué no jugamos a las diez preguntas? —insistió.
—Bueno creo que eso puedo hacerlo sentada aquí —reí y me crucé las piernas sobre el sillón, acomodándome para quedar cara a cara con Dylan.
—Está bien, comienza tú —me dijo.
—Me dijiste que te gustaba la actuación. ¿Alguna vez has hecho un casting?
—Sí, fuí a algunos, pero no soy tan bueno —sonrió y bajó la mirada.
—Estoy segura de que eres genial —le animé.
—Siguiente pregunta —rió.
—¿Algún día podrías improvisar algo para mi?
Me miró y rió de nuevo por mi insistencia.
—Está bien, algún día —prometió.
—Bien. Veamos...—pensé—. ¿Tu punto más cosquilloso?
—Emm... el cuello —dijo, como quien no quiere la cosa.
—¿Qué hay de tu futuro? —pregunté, meramente curiosa.
Se encogió de hombros, elegante.
—Pues sólo estoy seguro de una cosa. No seré administrador como Matt —rió—. A lo mejor, quizá, actor.
—¿Actor? ¡Dios, eso sería fenomenal!
—Gracias.
—¿De qué se tratan tus improvisaciones?, es decir, supongo que cuando fuiste a audicionar te pedían que improvises un poco, supongo.
—De la vida, de mí, del amor... —se encogió de hombros de nuevo.
La fierecilla se removió y me animó a preguntar:
—¿Alguna vez pensaste en Kourtney cuando actuabas? —inquirí, temerosa por la respuesta, porque la fierecilla no sólo era terca, también era sensible.
Se quedó serio por un segundo, con un semblante duro e inexpresivo. La fierecilla se removió curiosa inquieta e impaciente.
—Me da pena admitirlo —bajó la mirada—. Pero no —musitó.
—¿Por qué no? —mi ceño se frunció pero la fierecilla sonreía alegremente.
—Es que... —elevó una de sus manos hasta su cabeza y la rascó despeinando su corto pero alocado cabello—, lo intenté, de verás, pero las palabras que salían y las frases que intentaba formar mi mente, no se formaban... simplemente no me gustaban. No eran buenas.
—Pero al menos lo intentaste, y ya sabes lo que dicen 'La intención es lo que cuenta' —le sonreí, aliviada y feliz.
—Supongo —asintió riendo—. Siguiente pregunta.
—Está bien, veamos... ¿Qué pensaste de mí la primera vez que me viste?
Sonrió, dejándome ver todos esos hermosos y perlados dientes.
—Que eras Emilia, la amiga de Kourtney —dijo.
—No eso, eso ya lo sabías. Me refiero a la primera impresión.
—Oh, bueno. Recuerdo que me reí porque peleabas con la puerta —sonrió—, y pensé que eras divertida; luego me seguiste la plática, entonces supe que eras sociable; para después deducir que eras agradable porque era fácil reír contigo.
—Oh, vaya. Gracias —musité, ligeramente ruborizada.
—Siguiente pregunta.
—¿Qué extrañas más de Canadá?
—Diría que mi familia, pero ellos viven aquí así que... —pensó—, tal vez mi antigua universidad: me gustaban las fiestas —rió—. Siguiente y última pregunta.
—¿Me las estás contando?
—¡Claro! El juego se llama 'diez' preguntas, ¿no?
—Está bien, está bien —manoteé.
Pensé muy bien mi última pregunta, y sólo se me vino a la mente la que había estado pensando desde el inicio del juego, incluso mucho antes. Pero no sabía si hacerla era buena idea, sin embargo la fierecilla insistió hasta que las palabras salieron de mi boca con sumo cuidado.
—¿Por qué te fuiste de Canadá? —musité, tímida y con la voz apenas audible.
Él se quedó en silencio de nuevo y luego bajó la mira. ¡Tonta, tonta, tonta! Me decía una voz interna; si no se lo contó a Kourtney, no sé por qué tenía la esperanza de que me lo contara a mí.
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El manual de lo prohibido. »dylan o'brien
FanfictionLas cosas son más interesantes cuando son prohibidas; y Shawn Mendes es una de ellas; el novio de mi mejor amiga. ¿Que vale más? ¿Una amistad de casi toda la vida o un amor prohibido? ADAPTACIÓN