Yeyi (3)

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Fue por un momento que tuve la oportunidad de ver el reloj de mi celular, a pesar del tiempo que había pasado no lo había podido notar... Entre las discusiones y las palabras que volaban de un lado a otro me puse a reflexionar sobre todo esto: la cacería de nuestra gente, el supuesto plan de la iglesia y una parte del gobierno, el miedo de las personas, renunciar a sus dones con tal de sentirse un poco más seguros en esta tierra, lo que la revolución y evolución del nuevo mundo nos estaba ocasionando... Nada de esto nos lo habían enseñado en el entrenamiento, nuestros antepasados jamás se hubieran imaginado que algo así pudiera pasar.

Este seguramente sea el fin, no hablo de un supuesto fin del mundo, sino el fin de un ciclo, de una era, Nuestra Era. ¿Acaso será que nuestro tiempo está llegando a su fin? No quería pensar en ello pero, aunque no quisiera aceptarlo, era una de las cosas que estaba viendo. En ese momento solo nos visualizaba como unas indefensas criaturas intentado huir de la extinción, Cómo odiaba eso.

- Tómense un pequeño descanso, excepto tu Katrina. - Dijo mirándome justo cuando me levantaba de mi asiento, dejando al resto irse, y Damián paso cerca de mí y me miraba de manera burlona, como un niño detestable. Estando solos, el viejo mediador relajó su mirada.

- ¿Qué es lo que pasa? Que te he notado pensativa desde hace rato. -

- ¿Qué es lo que estamos haciendo en realidad? ¿Algo de esto nos sirve de algo? Ya no le encuentro sentido a esto.

Al volver la mirada no dijo nada pero mantuvo su seriedad.

- Estoy comenzando a creer que nuestro fin se acerca de manera inevitable, tal como pasó con los cuatro soles: la tierra acabará de una u otra forma, y eso es lo que he estado viendo. Ahora sólo estamos intentando escapar del fin que ya había sido predicho desde antes.-

- Yo creo que te estás dando por vencida ¿Sólo así dejarás que la muerte de lleve a tu gente y a ti? Estoy viendo como tus ganas de luchar y vivir se van poco a poco de ti y...-

- ¡Nadie puede escapar del fin! no se puede evitar el destino ¿Para qué seguir luchando si nuestras acciones no harán nada para cambiar algo así? Por más que luches, más cerca estarás de la muerte... No había querido pensar en esto pero la  realidad es que el fin de nuestra generación está más cerca de lo que imaginábamos.-

Lo interrumpí dejando que mi impotencia, ira y melancolía me controlarán por un momento, dejando a conocer mi punto de vista en ese momento.  No dijo nada al respecto por un rato que me pareció largo.

- ¿Entonces solo te sentaras a ver cómo todos mueren ante el inevitable destino? -

Eso lo sentí como un golpe bajo, una sensación bastante amarga que me recorrió el cuerpo, con una muy fuerte sensación en la columna.

- Ese no es tu estilo, quieres hacer algo al respecto pero te estás resignado ante esta situación aún cuando lo más difícil aún no ha sucedido y eso ya es perder y morir antes de la batalla, eso ya has de saberlo más que nadie, ¿Dónde está quedando la orgullosa generación del gran espejo humeante? Ese poderoso dios creador y maestro en la guerra y la magia negra, aquel que hacía temer a todo aquel que escuchara su nombre, el único Dios que podía comprender al hombre.-

- Basta, o me harás ñsentir peor.-

Dije, si el mismísimo Tezcatlipoca me viera en esos momentos, sentiría vergüenza y decepción... Y no dudo que todos los dioses piensen lo mismo al ver en lo que se han convertido sus pueblos, ya No queda nada de aquellas civilizaciones guerreras.

- ¿No se supone que tiene que ser al revés?

Me preguntó arqueando la ceja, por un momento sonreí hasta que escuchamos un ruido cerca, nos pusimos alerta quedamos en silencio para intentar detectar algún otro sonido. Al no haber ninguna otra respuesta, el medidor dijo susurrante:

- Busca a los demás y...

Crash!*

Se escuchó como uno de los vidrios de las ventanas había sido roto de manera violenta, fue entonces que Axel entró junto con el resto de los vientos y dijo:

- Inquisidores, nos han encontrado.-

Tal parece que la iglesia se ha desesperado a tal punto que decidieron enviar a la Santa Inquisición, la iglesia dejaba una cosa en claro: no detendrían su cacería hasta habernos exterminado y quitado todo lo que querían de nosotros.

- ¿Que estamos esperando?-

Fue entonces que, en mis manos materialice mis dos pistolas.

- Salgan por debajo a través de las alcantarillas, ahora con las lluvias el nivel del agua ha subido considerablemente y no creo que ese sea un problema para que el representante de Tláloc se los lleve. -

Eso último lo dije mirando al viento del Este con una sonrisa.

- Mientras tanto yo ganaré algo de tiempo para que puedan escapar sin problemas.-

-¿Este loca? ¿Qué pasará si te atrapan?-

Preguntó alarmado Konese.

- Tranquilo, nadie puede atrapar al humo.-

Respondió con una sonrisa, pero volví a mi expresión seria.

- Váyanse ya, antes de que logren entrar y cierren todas las vías de escape.-

- Buena suerte.-

Me dijo el viejo y yo solo asentí, ellos se fueron dejándome sola en ese cuarto, y sin emitir sonido alguno comencé a recorrer el lugar atenta a lo que pudiera pasar.

Bang¡* *¡Pop!*

Una bala había ingresado violentamente a través de las ventanas, casi rozando mi cuello, eso había estado cerca. No podría menospreciar al enemigo en esos momentos pues, a pesar de que se trate de la Santa Inquisición, la realidad era que estaba conformada por los peores demonios que se pudieron encontrar entre todo ese infierno Cristiano.

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⏰ Última actualización: Sep 16, 2019 ⏰

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Nahual TemictiloniDonde viven las historias. Descúbrelo ahora