Día 2: Decisión.

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Sasuke se vió obligado a levantarse de la cama bastante temprano para su gusto al oir una insoportable voz gritándole a todo pulmón desde su ventana.
-¡SASUKEEEE! ¡Arriba dormilón, tenemos que hablar!

Claramente no podía ser otro que Naruto, nadie en su sano juicio subiría al árbol de una casa ajena a gritar para que le dejasen entrar. Sasuke bufó, terriblemente molesto por la manera en la que fue levantado y de muy mal talante abrió la ventana para encarar al ninja rubio.
-¿Qué rayos te pasa? Es temprano dobe, piérdete, no quiero verte.

Acto seguido cerró la ventana sin esperar contestación y se dirigió al baño, sería inútil volver a la cama. Odiaba ser despertado, sobretodo por los graznidos de Naruto.

Cuando hacía las misiones del equipo siete eran Sakura o Kakashi quienes despertaban al resto. Sakura solía ser suave con él, algo que secretamente le recordaba a su madre, y Kakashi era tranquilo, como Itachi. La manera de Naruto solo le recordaba a Naruto y le daba ganas de comenzar el día encerrándolo con el chibaku tensei.

Se tomó su tiempo para bañarse, al fin y al cabo no tendría nada importante que hacer, y se relajó por primera vez en mucho tiempo bajo el agua, dejando fluir sus pensamientos y sus preocupaciones.

La misión y el dilema de los Otsotsukis le quitaba el sueño, y quería comenzar su tarea lo antes posible, la responsabilidad de mantener la paz shinobi recaía en él y estaba deseoso de cumplir con su deber. Pero antes tendría otras cosas que resolver, situaciones en las que él, un shinobi de élite, no tenía ni la menor experiencia. Cinco días quizás no serían suficientes.

Cuando salió del baño, ya vestido con ropa nueva y limpia que Kakashi le había habilitado, se detuvo un tiempo en el espejo. Un día de diferencia y ya podía sentir que nadie sospecharía que había pasado los últimos dos años viajando y durmiendo sin lugar fijo.

Tocó su muñón, la consecuencia de sus acciones y frunció el ceño. Jamás volvería a estar completo, y quizás eso podría ser un inconveniente en el futuro y en las peleas que tendría que luchar. ¿Podría defender a aquellos que le eran preciados con solo una extremidad?

Sin embargo estaba seguro en que jamás aceptaría el brazo con las células de Hashirama. Sería su recordatorio constante de sus pecados, de lo lejos que había llegado en su ceguera de poder. Con esa extremidad perdida había querido matar a Naruto y a Sakura. Un escalofrío llegó al pensar en como sería su vida si realmente los hubiese matado. Debía agradecer todos los días la nueva oportunidad que se le había ofrecido.

Interrumpió su hilo de pensamientos al escuchar ruidos en la cocina y suspiró. Seguramente Naruto había entrado de alguna manera y estaba hurgando en sus despensas por comida. Resignado a tener que sostener una incómoda e insoportable conversación con su amigo, entró en la cocina.

-¡Hola Sasuke! Finalmente terminas de bañarte hombre, vas a quedar como una pasa si tardas tanto- Dijo Naruto riéndose, mientras le agregaba agua a dos ramen instantáneos. De seguro se había imaginado a Sasuke con la cara de Obito o algo así, Naruto era capaz de cualquier cosa.

Sasuke ni siquiera le contestó, pero arrugó notablemente el ceño al ver con que libertad se manejaba en su cocina.
-¿Se puede saber que quieres? ¿Y qué haces aquí?

Naruto agarró los dos ramen y los sirvió en la barra, silbando esa cancioncilla molesta de los bijuus, y se sentó tranquilamente para degustar su comida favorita. Sasuke tomó asiento frente a él, sin dejar de frucir el ceño.
-Tú sabes a que he venido. Ayer estuve en lo de Sakura-chan ¿Crees que no noté a Garuda? Necesitas mi consejo- Dijo orgullosamente mientras sorbía ruidosamente los fideos. Sasuke lo miró con asco.

La promesa (Sasuke)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora