Capítulo 6: Apocalipsis

36 6 2
                                        


El 16 de Julio todo había vuelto a estar como en el caso de Micaela Iglesias. Nadie hablaba de los asesinatos, del incendio, ni recordaba a la prostituta secuestrada. Leonardo volvió a Madrid y Gustavo y Pedro estaban trabajando en otros casos mientras el otro seguía aún abierto pero olvidado. Pasaba más de 8 horas en el periódico pero no trabajando. La mayor parte del tiempo la pasaba escribiendo mi nueva novela y charlando con mis colegas. Julián estaba contento porque yo había superado el caso y me invitó a ir de vacaciones con su esposa y él a Italia pero aún estaba pensando si era buena idea o no.

En una ocasión sentí un miedo enorme porque pensé que alguien me estaba persiguiendo pero resultó ser un vendedor de ambulante de dulces.

***

A las 7:45 de la mañana del 20 de Julio fui con Julián a tomar un café a la cafetería que siempre vamos. Tengo mucho sueño porque me la pasé toda la noche y parte de la madrugada corrigiendo errores de escritura a un borrador de mi novela. Julián no paraba de hablar y fingí interés en sus palabras pero la verdad era que no entendía ninguna de ellas.

En un momento determinado cerré los ojos y no se por cuanto tiempo lo hice pero logré soñar. Soñé que estaba con mi abuelo y mi abuela un domingo por la tarde tomando una limonada. Estaba al lado de Don Capo leyéndole sus escritos mientras la abuela jugaba con mi hermano Lucas. De pronto abro los ojos y vuelvo a la realidad. Julián se dio cuenta de que me dormí por unos instantes y me despertó para avisarme que debíamos marcharnos. Cuando Julián se acercó al mostrador para pagar el mesero que nos atendió dijo que el hace unos minutos un hombre había pagado la cuenta de nosotros dos y que dejó una nota. El mesero me la facilitó, la tomé y la leí:

"Mucho tiempo sin vernos, Diego Vega."

Me golpearon en la cabeza con algo de metal y sentí un dolor insoportable. Me tomaron un brazo, me lo torcieron y en cuestión de segundos me estaban apuntando con una pistola en la cabeza.

—Hace mucho tiempo que no te veía. —Dijo una voz sin rostro por detrás de mí.

***

En la cafetería sólo nos encontrábamos Julián, el hombre que me apuntaba y yo. Todas las personas que estaban dentro del local lo habían abandonado cuando el individuo sacó el arma. Mi respiración se agitó y cada segundo era eterno. El rostro de mi amigo Julián era una imagen de puro terror y las gotas de sudor la empaparon. En una radio encendida se escuchó que el cuerpo de una mujer fue encontrado en el río "Las Campanas" a primeras horas de la mañana.

—Ha sido la mejor idea. —Dijo el hombre susurrándole a mi oído.

Era el asesino, no cabía la menor duda.

—Ese cuerpo —continuó diciendo— es el de la prostituta...

—Tiene un nombre, Violeta Lucía. —Le interrumpí.

—Como digas. Dejé el cuerpo abandonado sabiendo perfectamente que tu amiguito Gustavo iría tras el y tú estarías completamente sólo con el estúpido que tenemos al frente nuestro. —Dijo señalando a Julián con el cañón del arma y luego volviendo a colocar sobre mi cabeza.

Me contó que había seguido cada uno de mis pasos, sabía a qué hora salía del periódico, cuándo me acostaba e incluso cuando me sentaba a escribir. También hizo lo mismo con Gustavo y Julián.

—Al fin nos encontramos cara a cara. —Me soltó y me empujó con la mano que no sostenía el arma.

Era un hombre joven, de algunos 30 años de edad. Su rostro se me parecía al de alguien pero no hallaba con cuál.

TranquilityDonde viven las historias. Descúbrelo ahora