K

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Abrió sus ojos y se encontró a sí misma en otro aburrido día de rutina, ese mismo viejo ritual que hacía cada día llamado vivir, aunque ella misma no se refiriese a él como tal, sino más bien como sufrir.

Estaba cansada de siempre las mismas cosas, mismos hechos, mismos pensamiento, cansada de esas mismas sensaciones, día tras día, sin falta.

Hace tiempo, en un fallido intento de no enloquecer a causa de esos pensamientos que se asentaron aparentemente de forma permanente en su cabeza y desembocaron en sensaciones horribles, una de ellas muy curiosa, la sensación de una presencia, de estar acompañada por algo, le vino a la mente la ingeniosa idea de dar nombre a ese algo que parecía acompañarla, le nombró "K".

Nada extravagante ni mucho menos original, tan sólo lo suficiente como para hacer que se sintiese algo más cómoda con el hecho de que su mente creía firmemente que Neferet se hallaba continuamente seguida por algo.

La sensación de comodidad creada por haber bautizado a su acompañante no duró demasiado, ya que este parecía aumentar de tamaño a cada día que pasaba.
K estaba allí para tragarse la escasa felicidad que restaba en la vida de Neferet, pero ella no estaba dispuesta a quedarse quieta mientras lo observaba tomar control de su vida y destrozarla pieza por pieza.

NeferetDonde viven las historias. Descúbrelo ahora