CAPITULO 2

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Capítulo 2

VIENTOS DEL NORTE

"No quiero llorar,
no quiero aumentar con mis lágrimas las
Aguas del mar que te han ahogado.
Nada quedara en mi algo que asemeje a una mujer;
El fuego de mis palabras se convertiría en llamas,
Si no lo sofocara el torpe llanto de mis sollozos"

William Shakespeare Hamblet

    Vio las montañas como gigantes rocas verdosas intentando tocar el cielo encapotado y grisáceo, la vio más allá de sus ojos y sintió como los copos de nieve le caían encima de ella, mojando la lentamente, estaba acostumbrada al frio y aquella sensación no le importaba era tan familiar que incluso sintió que quizás podría estar en casa. Reconfortada por el suave aire de diciembre siguió mirando la linde del bosque. Eve Lauer le había explicado una vez que la Elite se encontraba en la ciudadela, aunque era un edificio destinado a los Ángeles de estepa, La Orden había decidido alzar sus altos y esplendidos edificios en las fronteras de Francia e Italia. Naee miro el cielo, vio cientos de copos de nieve caer sobre ella como ángeles blancos que la en volvían en suavidad y elegancia.
    Miro más allá del bosque, para llegar al Océano tenía que ir hasta la Zona D, donde pasaba el círculo polar Ártico. Se conocía el camino de memoria, Eve Lauer se lo había hecho aprender a la perfecciona por si algún día debía volver al gran azul. Se llegó las manos a los labios y se mordió las uñas nerviosa.
    Intento concentrarse y dejar de lado los Nervios pero ¿qué otra cosa podía hacer? No podía regresar al Norte, sería demasiado arriesgado, además no sabía si Eve Lauer seguiría vivo o no, estaba en la Élite y lo único que conseguiría si pedía acogerse a la Orden y pedir una audiencia con Ezequiel seria levantar sospechas de porque una hija del hielo quería hablar con el regente y el sumo supremo de las Zonas. Aunque la tentación era excesiva mucho más que regresar al Océano sabía que volver al gran azul sería más sencillo.
   -Naee – alguien la llamo por detrás de ella, sorprendiéndola.
   Naee se llevó las manos al pecho compungida, y se giró, delante de ella entre los copos incesable de la nieve estaba Jared, tenía el pelo dorado revuelto, vestía con unos pantalones y una camiseta negra de manga larga y parecía como si hubiese pasado la peor noche de toda su vida.
    -Veo que Henry te ha currado – le dijo.
   Naee tardo varios segundos en contestar, se había quedado muy quieta mirándole.
   -¿Quién eres? - soltó de repente.
   Jared abrió los ojos sorprendido.
   -Jared ¿recuerdas?
   Naee asintió, y frunció el ceño.
   -Lo sé pero me refiero... a ¿quién eres? - insistió ella – Eres un...
      Se interrumpió un segundo y se abrazó a si misma mirando al joven que tenía delante suyo.
     El asintió sin más. Constando un hecho.
  -Un ángel, si – afirmo.
   Jared miro a ambos lados de los dos jóvenes, a esas horas de la mañana había estudiantes del Temple que empezaban a salir a los jardines en distintas direcciones, el ángel se acercó a Naee y la cogió por el codo.
   -Sera mejor que hablemos en otro lugar – le murmuro muy cerca de la oreja.
   Jared la llevo de nuevo dentro del edificio central, subieron unas enormes escaleras de mármol y recorrieron un pasillo tan largo que Naee pensó que no tendría final. El ángel iba mirando hacia atrás tanto como podía, y Naee se preguntó qué era lo que a Jared le irritaba tanto como para pasarse todo el tiempo observando que nadie les siguiera. Al final del pasillo había una puerta blanca resplandeciente con un pomo dorado, Jared entro dentro.
   Naee acompaño a Jared con cautela, se encontraban en una habitación de una enorme cama de sabanas doradas, estaba todo perfectamente ordenad, las cortinas medio corridas, los cristales completamente limpios, el suelo de madera resplandeciente, las luces tenuemente ajustadas al día gris que hacía, el ambiente estaba cargado de un aroma a flores y dulce. Jared guio a Naee hasta un armario de aspecto desaliñado, se sacó una llave del cuello y abrió el armario, al principio le pareció un armario normal y corriente, pero después Jared aparto la ropa perfectamente guardada y planchada, detrás de las prendas había un doble fondo, el ángel hizo entrar a Naee , el entro detrás de la joven y cerro de nuevo la puerta del armario con llave desde dentro, habían unas escaleras de madera muy sencillas en forma de espiral.
   -Sube – le ordena Jared en un susurro.
    Naee ascendió como le ordeno el, y Jared cerro la doble puerta detrás de ellos, en seguida la alcanzo a media escalinata, para cuando llegaron arriba Naee empujo una pequeña trampilla de madera vieja y medio carcomida por la humedad, entro y vio un desván lleno de polvo, con una bonita ventana circular, desde la ventana se veía todo el bosque, los dos edificios de la Elite y más allá, lejos de los límites de los Ángeles una preciosa ciudad de altos edificios resplandecientes como el cristal.
   Jared cero la trampilla por la que habían entrado.
   Naee se giró para escudriñar más a fondo el desván, estaba lleno de estanterías que llegaban al techo, forradas de libros de todo tipo, delante de la bonita ventana circular habían dos butacas un poco rotas, de un color azul celeste, en medio de estas había un mesa pequeña redonda con una bandeja, con un juego de té y una lámpara de pie al lado de las dos butacas.
   Jared invito a Naee a sentarse en una de las butacas un poco polvorientas.
   -Aquí estaremos tranquilos – le aseguro Jared.
   Naee se sentó con cuidado, la butaca parecía haberse usado demasiado, pero aun así era cómoda y reconfortante.
   -Antes me has preguntado si era un ángel – empezó Jared con un tono de voz monótona. -¿Porque?
   Naee se encogió de hombros y se pasó un mechón de pelo por detrás de la oreja.
   -Supongo que no estaba segura de que eras – admitió.
   -Creo... que los dos sabemos que era lo que realmente estabas preguntado – advirtió el
   Naee le miro sorprendía y se mordió el labio.
   Jared suspiro cansado. Cansado de tener que tratar con una cría estúpida que no quería explicar porque alguien la estaba persiguiendo y porque razón había huido despavorida del continente Norte.
   -Entonces ¿porque me trajiste aquí? - le pregunto ella -Sabiendo... sabiendo lo que soy
   Jared la miro un momento, debajo de sus preciosos ojos habían dos medias lunas moradas, como si llevara décadas huyendo de algo y se pasara las noches en vela, sin poder dormir. Miro su labio partido hinchado por el golpe contra el suelo, y se preguntó porque Henry no se lo había sanado, miro sus manos entre lazadas en su regazo, tenía los nudillos casi blancos y se clavaba las uñas contras las palmas de las manos, restregándose las heridas que se habría hecho al intentar huir, habiéndolas de nuevo y dejando que el rojo sangre le tintara los dedos suavemente.
   Por un momento sintió que algo dentro de Jared se rompió en mil pedazos, sintió el impulso de abrazarla y decirle que todo saldría bien, pero por lo que a Jared respectaba pocas cosas salían bien cuando la Orden ponía vigilancia a los Ángeles, y mucho menos cuando un hijo del hielo salía huyendo de su continente.
   -Fuimos creados para proteger a todos los seres humanos y sobre naturales de la faz de la tierra – explico Jared – supongo que ya lo sabes.
   Naee asintió.
   -Pero...
   -Exceptuando – le interrumpir Jared suavemente – a los hijos del Océano. Algunos de los ángeles más antiguos como por ejemplo el Presidente o yo, desarrollemos el don hace mucho tiempo de poder saber que criatura teníamos delante con solo verla. Es un don que cualquier Ángel de Estepa tiene Naee , pero cuesta poder extenderlo y solo los más antiguos conseguimos hacerlo con años de práctica.
   Naee le miro, hablaba como si recitara una lección a medio aprender, miro sus labios carnosos, sus pómulos remarcados y sus ojos esmeraldas, resplandecían con cada palabra.
   -Cuando te vi lo primero que sentí en ti fue el frio de los hijos del hielo – Jared le tendió la mano a Naee para que se la cogiera.
   Naee dudosa dejo que su mano llegaran hasta las del ángel, al rozar los dedos cálidos de Jared Naee se relajó, una sensación de tranquilidad y paz la inundo una sensación que hacía décadas que no sentía. Noto un círculo en uno de sus dedos y como las manos de Jared ya no sostenían las suyas, Naee se miró las manos, en una de ellas llevaba un anillo perfectamente pulido en plata.
   -Pero al instante cuando te intente coger, para llevarte a la Elite... - se interrumpió un segundo recordado la electricidad que le había recorrido al tocar a Naee aquella noche tendida en el suelo desangrándose. - Fue como un chispazo, era como si algo no me dejara tocarte, eras como un poste de electricidad. Lo comprendí cuando volví a tocarte, Eras una mestiza.
    Naee asintió.
   -Ese anillo esconderá la parte de hija del Océano que llevas dentro para que ningún ángel excepto yo pueda notarlo – explico.
   -¿Porque? - inquiero Naee sin entender – La orden, si te descubren...
   Jared se rio.
   -Créeme La Orden no puede hacerme nada, fui creado para proteger a los que necesitan ayuda, y aunque las leyes afirman que los Hijos del Océano no pueden ser involucrados con las demás Zonas tu llevas sangre del Hielo, y nuestros Tratados afirman que debemos protegeros si se diera el caso. ¿Comprendes?
   Naee asintió.
   Aun así todo aquello no tenía sentido, por mucho que ella fuera mestiza llevaba sangre del gran azul y las notas eran claras, los hijos del Océano no podrían tener ningún tipo de contacto con los hijos de la tierra y el Cielo, estaba prohibido por ley. Y en cuanto a los hijos del hielo, era inusual que salieran de su continente, las distintas Zonas y el continente Norte habían estado en guerra durante décadas, apenas hacia un siglo que habían pactado ser aliados siempre que la Orden, el poder político de las Zonas, los hijos de la Tierra y del Cielo, respetaran su continente y no interfirieran en sus leyes ni divinidades.
   -Jared agradezco tu ayuda de verdad pero...
   -Me dirás que vas a marcharte, que debes regresar a casa ¿no es así?
   Naee le miro sorprendida, era justo lo que iba a decirle, quizás no con aquellas palabras, porque no pretendía volver al continente Norte y en cuanto al Océano todavía tenía que averiguar si podía sobrevivir en el gran azul como mestiza o no.
    -Yo...
   -¿Porque no me cuentas porque huiste? - insistió Jared.
   Naee se apretó las manos, el escozor de las heridas abiertos de los días anteriores le recorrió el cuerpo, ¿qué iba a contarle? Ni si quiera ella entendía lo que había pasado. Del día a la mañana todo lo que ella conocía como hogar se había roto, se había vuelto un tumulto de oscuridad y frialdad, más incluso que el mismo invierno.
    Que se supone que debía contarle al ángel de aspecto perfecto que tenía delante de ella. "O tranquilo han intentado matarme nada a lo que este acostumbrada ya, si me dejas volveré al océano, donde por cierto no sé si sobreviviré, todo indica que si pero quien sabe..."
   Jared resoplo impaciente.
   -Vamos – insistió el – Puedes confiar en mí.
   Naee le miro, un recuerdo borroso le vino a la mente, aquella mujer de pelo escarlata, y sonrisa fugaz "puedes confiar en mi" también le había dicho, y ahora estaba huyendo como una fugitiva, sin haber cometido ningún crimen aparente.
    Naee aguanto el nudo en la garganta que empezaba a ahogarla, sintió el tenue aviso del escozor de las lágrimas en los ojos, y se miró las manos, a esas alturas con las heridas ya completamente habitaras, le dolían tanto que apenas podía mover los dedos, se sentía derrotada, quizás no había muerto la noche pasada en la quinta avenida de la Ciudadela pero en aquel momento lo deseaba más que nada en el mundo, la agonía de huir de no entender que estaba pasando, la sensación de estar perdida, el dolor de las articulaciones, se mordió el labio y la herida empezó a sangrarle, Naee alzo los ojos enrojecidos "no vas a llorar" se dijo a sí misma "no delante de él, ni de él, ni de nadie"
   Jared no reprimió una mueca de sorpresa cuando vio el labio de Naee , sangrando, abrió los ojos cuando de repente el circulo plateado que le había colocado en las manos estaba teñido de rojo, se sorprendió al ver los ojos completamente hinchados por evitar las lágrimas.
   Naee fue a levantarse de la butaca celeste, pero el mundo se le vino abajo era tal el agotamiento que vio millones de puntitos blancos y negros, las piernas le fallaron y lo último que sintió fuer la presión de los brazos de Jared cogiéndola antes de que tocara el suelo.

Ciudad de Ángeles. INCONDICIONALWhere stories live. Discover now