Estaba sentado en un banco del parque esperando a mis amigos Halley y Michael Wolowitz, ya que habíamos quedado juntos.
Tengo 12 años, el pelo oscuro y los ojos azules de mi padre y me llamo Junior.
Bueno, de hecho me llamo Sheldon Cooper, pero Sheldon Jr. , ya que llevo el nombre de mi padre, al que nunca conocí.
Mi tío Raj me contó que mi padre no tuvo la mejor de las suertes. La probabilidad de tener un accidente de coche es de 1 entre 12 778 (en California) y el fue el 1 desafortunado.
Pero no murió del accidente, sino en un incendio en el hospital mientras estaba en coma.
Me llegó un mensaje al móvil. Era Halley, que decía que ella y Michael estaban castigados y no podían salir, así que decidí irme a casa.
Mientras caminaba me fui fijando en todo lo que me rodeaba: había un par de niños pasándose la pelota sin descanso, una pareja con su hijo, un grupo de adolescentes sentados en un banco demasiado pequeño para todos, etc.
También vi a un hombre de mediana edad sentado cerca del estanque. Tenía cara de preocupación y me dio un poco de pena, así que me senté a su lado.
- Hola, señor...
- Hola.
- Sé que no es de mi incumbencia pero, ¿le pasa algo?
- Muchas cosas.
- Si quiere me las puede contar, se me da bien escuchar.
- No te las vas a creer.
- Seguro que sí, soy muy ingenuo, me viene de mi padre. Por cierto, me llamo Junior. - dije tendiéndole la mano.
- Yo, Dr.Cooper. - dijo cogiendo mi mano derecha, para después empezar su relato. - Hace 14 años, desvelé sin querer información secreta del ejército de Estados Unidos, no pasó nada, así que no le di mucha importancia. Un año después, tuve un accidente de coche y entré en coma. El coronel que nos dio a unos amigos y a mi la oportunidad de ser parte de un trabajo secreto del ejército, había fingido mi muerte para encerrarme y asegurarse de que no pudiera decir nada más sobre eso, obligándome a trabajar gratis para ellos durante los últimos trece años. No te lo crees, ¿verdad?
- No me lo esperaba, eso seguro, pero me lo creo. Suena honesto y no ha desviado la mirada en ningún momento. Le creo.
- Vaya. gracias. - dijo sorprendido.
Nos despedimos y me fui a casa, a tiempo para ver el programa de Wil Wheaton.
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Durante las siguientes semanas, Dr. Cooper y yo quedábamos en el parque para hablar.
Él me contaba sus historia como un veterano de guerra contaría sus batallitas y yo lo escuchaba, viendo en él la figura paterna que no había tenido.
Me contó que las personas que le habían encerrado ya estaban bajo custodia policial, pero que la información aún no podía salir a la luz.
Intentaba encontrar a sus amigos y a su mujer pero no lo conseguía.
Lo veía triste, así que le invité a cenar a casa.
Al llegar a casa, le explique todo a mi madre y discutimos sobre si se lo debería haber dicho antes.Bueno, ella discutió, yo estaba siendo perfectamente razonable. Al final, mi madre decidió que Dr.Cooper podía cenar con nosotros, porque quería conocer a la persona con la que pasaba las tardes.
La ayudé a cocinar, hicimos ensalada y mi plato favorito, espaguetis con salchichas cortadas encima.
Me preguntó sobre él y le dije lo que sabía.
No sé porque pero me recuerda a una versión mía dentro de cuarenta años, no sólo psicológica, sino también físicamente.
El sonido del timbre me interrumpió.
Acabé de poner la mesa y corrí a abrirle.
Dr.Cooper era un hombre alto y delgado, de pelo oscuro con zonas más claras debido a la edad, ojos azules y tez pálida. Iba vestido con unos pantalones vaqueros, zapatos oscuros y una camisa de cuadros azul cubierta con una americana azul marino.
- Venga, entre. Le presento a mi madre, Amy. Mamá, este es Dr.Cooper.
