Cinderella

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Al anochecer se despidió Cenicienta. El hijo del Rey quiso acompañarla; pero ella se escapó con tanta rapidez, que su admirador no pudo darle alcance. Pero esta vez recurrió a una trampa: mandó embadurnar con pez las escaleras de palacio, por lo cual, al saltar la muchacha los peldaños, se le quedó la zapatilla izquierda adherida a uno de ellos.
Al volver a su hogar, Cenicienta notó la pérdida de su zapato, el cual se le dijo que sería traído cuando su principe azul, hombre que la amaría hasta el ultimo de sus días, apareciera para ello.
Pasaron los días, las semanas, los meses, pero el supuesto príncipe no aparecía. Cenicienta, ya cansada, se deprímia cada vez más, pues estaba cansada de caminar descalsa sobre caminos de vidrios rotos en la espera de su zapato de cristal.
Dicen que su principe ha llegado, pero creo que ya es demasiado tarde, pues el zapato ya no pertenece a la misma Cenicienta

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