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Hoy era sábado, eso significaría que no vería a su moreno. Pero también significaba que se divertiría un rato.
¿Que creían? ¿Que Jin era decente? JAJAAJAJAJAJAJAJAJA No
Jin era la persona mas puerca y pasiva que te podrían encontrar. Miraba pornografía casi diario, tenia una obsesión por el daddy kind, y tenia una colección de dildos.
Bueno, todo menos la colección. Solo tenia uno y ya era viejo.
Pero obviamente su madre no estaba, sus hermanos fueron con su abuela mientras que su madre todos los fines de semana iba a terapias para sus piernas.
Se había levantado de lo mejor, claro antes de hacer sus cochinadas fue a cerrar las puertas y ventanas de toda la casa.
Se encerró feliz en su habitación y se dirigió abajo de su cama, sacando una mini caja cerrada con llave, sacando su viejo y descuidado dildo.
— Bien, vamos a comenzar a jugar — comenzó a quitarse los pantalones y se sentó en el piso en pose de flor de loto. Se alzo su camisa y Comenzó a chupar sus dedos mientras que con la otra mano comenzó a estimular sus pezones.
Ya ahora más que excitado comenzó a meterse ambos dedos a su cavidad anal tratando de llegar a su próstata. Sonreía con malicia por el placer, pero eso todavía no era lo mejor.
A como pudo tomo su dildio que se encontraba a un lado de el y lo prendió.
Pero se sorprendió cuando presionaba y presionaba el botón y este no prendía, y eso sólo significaba algo, se había descompuesto. Y por su puesto que no lo mandaría a arreglar.
— ¡Oh no! ¡No me voy a quedar así! — y bajando la camisa con la calentura sumamente baja, se cambio y decidió ir a una sex shop para comprar uno nuevo.
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Con unos lentes de sol y una sudadera negra entro con vergüenza a la sex shop de su plaza mas cercana.
Haber, sección de lencería, sección de juguetes, juguetes, juguetes, juguetes.
Dildos.
Tomo el dildo, pero al ver un lubricante sabor a fresa no pudo evitar no comprarlo. Aunque no cogería con nadie al menos para lubricarse el sólo.
Fue a la caja y literalmente Jin le dijo al vendedor.
Callate y toma mi dinero
El chico vendedor miro picado al azabache.
— Que le valla bien werito — le guiña el ojo. Jin sonrió al recordar a alguien mas que le decía werito. Y con la sonrisa en su rostro se fue de ahí después de un gracias.
Ahora tenia que regresar a su casa, en pocas palabras, cubrirse para que nadie lo viera.
Pero parece que los ángeles no le ayudaron ese día, porque a dos pasos de salir de la tienda, choco con alguien que hubiera sido la ultima persona que quería ver ese día.