C A P Í T U L O D O S

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A lo largo del viaje charlamos sin cesar. Cambiamos nuestra vestimenta muggle por la túnica verde y plata.

Le soy y seré fiel a esos colores por siempre.

Luego de unas horas el tren para y bajamos de él, para entrar en Hogwarts (luego de ir hasta su entrada en una carroza que se mueve sola).

Ya dentro pasan unos minutos y luego los de primer curso entran.

—¡Aderviell, Andrew! —exclama McGonagall.

Un niño de tez morena sube la tarima con los nervios plasmados en el rostro y se sienta en el taburete. McGonagall le coloca el Sombrero, y este no tarda en gritar:

—¡RAVENCLAW!

La mesa de las águilas estalla en aplausos y el niño sonríe con suficiencia y se va a su mesa.

Así pasan más niños, hasta que llega Cadence.

—¡Goyle, Cadence! —exclama nuevamente la profesora.

Cadence sube con una elegancia e-jem-plar. No da tropezones ni está temblorosa o algo por el estilo, como hicieron muchos (uno hasta se cayó, ¡todos se rieron y su cara era memorable!). Hasta yo me comporté como imbécil mi primer día, pero ella da un buen uso a su rostro angelical con una pequeña sonrisa en sus labios rosados. Acomoda su cabello y se sienta en el taburete.

—¿Cómo diablos es tan elegante con once años? —susurra Narcissa Black, mi compañera de casa.

—Es una Goyle —digo sonriendo con arrogancia.

Ella me mira y rueda los ojos.

McGonagall le coloca el sombrero a mi hermanita y, luego de unos segundos, grita bien fuerte y claro:

—¡SLYTHERIN!

La mesa de las serpientes estalla en aplausos, en especial mis hermanos y yo, todos pertenecientes de la casa de Salazar. McGonagall le retira el sombrero y Cadence está sonriendo con superioridad. Diablos, es extremadamente fina cuando se lo propone. Baja de la tarima sin la falta de elegancia y aire de superioridad, y se sienta al lado de Jasmine Carrow (su mejor amiga de la infancia) en lo que cesan los aplausos. Me levanto sigilosamente y veo cómo todos las manos de los de primer curso se amontonan para tocar la pequeña y fina mano de mi hermana. La abrazo por detrás y ella pega un respingo.

—¡Lena! ¡Me asustaste! —ríe y me abraza.

—¡Felicitaciones, pequeña! —le beso la mejilla—. Estuviste increíble. No como el otro que casi se mata—imito la caída del chico con gestos, sonidos y caras, haciendo que Cadence se sonroje y siga riendo.

Son momentos como estos cuando no me interesa no mostrar mis sentimientos a demás imbéciles. Osea, es mi hermanita, la voy a felicitar siempre. No interesa lo que digan mis padres. Alto, alto, no, si importa, pero frente a sangre puras no. Sí, eso es lo que quería decir.

—Ahora diviértete en tu estadía de Hogwarts —digo con una sonrisa y le propino un beso en su frente—. Compórtate mañana si no te veo, ¿si?

Ella asiente enérgicamente y vuelvo a mi lugar.
Simplemente adoro a esa pequeña.

Pronto los demás niños terminan de ser elegidos y Dumbledore da sus palabras las cuales ya no escucho desde que mis padres me dijeron que este mismo estaba completamente loco y, para peor, aceptaba a los sangre sucias.

Qué asco.

Miro a Darcy aburrida y con una mueca, y esta imita a Dumbledore chistosamente, causando que me ría levemente y la golpee levemente al notar la mirada seria  de McGonagall sobre mí.

Finalmente, el charlatán se calla y la comida aparece en nuestras narices. No tardo en empezar a comer tranquilamente, a diferencia de los compañeros a mi lado; Evan Rosier y su grupo (o sea, mis compañeros), no tardaron un segundo para empezar a atragantarse con su comida. Al caer un pedazo de pan sobre mi cuello suelto un quejido, y rápidamente, sin hacer caso a las risas de los amiguitos del lanzador de panes (quien no tardé en visualizar; Adler), tiré al rubio, una manteca (la cual me dio ágilmente Darcy), dándole perfectamente en el ojo.

— ¡Eh! ¡Tranquila, preciosa! —bramó entre risas el amiguito de mi hermano, Damian, un idiota.

Mi hermano, furioso en parte por la manteca y en parte por lo que dijo Damian, le dio un golpe en su estómago, provocando un grito ahogado por parte de la víctima. Un susurro del rubio bastó para hacer que Damian se callase, llevándose como premio de su grito mis mejillas sonrojadas.

Miré a mis amigas con una pequeña sonrisa, y ellas, sorprendidas y emocionadas, me sonrieron de oreja a oreja, a punto de gritar. Pero obviamente, con una seña hice que no hagan escándalo, que lo guardemos para más tarde.

Damian de pelo oscuro y corto, ojos claros y pequeños, cuerpo marcado aunque un poco flaco y sonrisa perfecta, además de sus facciones determinantes y labios gruesos, es un... lamentablemente mestizo que va a un año más que mi, o sea que es compañero de mi hermano, su mejor amigo. Lo conozco desde niña (su madre es una Lastrange); él fue mi platónico durante años, y obviamente lo sigue siendo. Mi hermano, desde pequeño, me "protegió" de él. Sabía que yo gustaba de Damian, y sabía que de enterarme que tenía a todas las niñas detrás de él, y que nunca se pararía y agacharía a verme como miraba a las niñas con las que se besuqueaba a temprana edad, se me rompería el corazón. Además de quedar patética.

Pero ahora lo hace porque sabe que Damian es capaz de enrollarse hasta con una planta. Y porque cree que no sé lo mujeriego que es.

— Lena, pásame la sal, por favor —pidió amable pero fríamente Mia, una de mi año, sacándome de mis pensamientos.

Se la pasé rápidamente y miré a mis dos amigas, quienes no se habían dado cuenta de que no estaba escuchando nada de lo que habían dicho. Sin embargo, al apenas prestar atención a aquella conversación, inmediatamente me aburrí.

Hablaban del nuevo escándalo; una chica de nuestra casa, de séptimo año se enrolló con alguno de Ravenclaw en el Hogwarts Express. Lo único que pensé es que no volvería a ese baño jamás.

El resto del tiempo me dediqué a comer, antes de que nos den permiso para irnos a nuestras salas comunes, y así finalmente dormir, luego de haber sido aturdidos por las maravillas que estos elfos hicieron.

Con Darcy y Ruby rápidamente nos levantamos y fuimos, esquivando a los alumnos que iban y venían.

Chocolate Amargo [R. Lupin]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora