Plegaria

4 0 0
                                        

Luna, la eterna adoración del poeta, ilusión que le roba el aliento y con cada suspiro deja un poco de su vida al pronunciar tu desconocido nombre, ese que no debe de ser enunciado por la infame condición del humano aun cuando haya buscado una palabra para llamarte, a sabiendas que jamás lograra encontrarte entre los mortales.

El poeta parece desfallecer a cada día, fingiendo una felicidad pasajera, buscando refugio en cualquier otro lugar aunque seas lo único que le ocupa el pensamiento, solo quiere acallar el dolor y mermar la soledad en un intento infructuoso, su único deseo era recibir tu luz en esa densa obscuridad, encontrar calidez en la fría noche, pensar que no estaba solo y que el amor que te profesa al menos pudiera ser tomado como una humilde ofrenda

¿Sabes cómo te ama el poeta?, ese simple humano se atreve a adorarte en las noches, a llamarte entre la bruma nocturna cual guardiana, se niega a caer en las tinieblas mas poco puede hacer un simple mortal contra la fuerza de la obscuridad de la cual ya no logras protegerle, lejos del antiguo consuelo que le ofrecías ahora pareciera que tu pálida luz le congela el alma puesto que ha reparado en que él no era el único que gozaba de tu brillo.

Oh hermosa Luna, sin duda posees una belleza enorme, es tal tu magnitud que ofreces la blanca caricia a quien logra captar tu atención y el mortal, cual juguete roto pierde su pequeño poder, su refugio se cae a borbotones, sus palabras solo le asfixian y ese cariño que te profesaba no encuentra lugar para residir, el poeta ante su falta de importancia no puede hacer nada más que soportar en silencio el dolor que le fractura el espíritu, observarte desde la lejanía mientras ofreces tu brillo a otros seres más dignos de ello.

Luna ¿Podrás perdonar a ese infame humano? No logra soportar el dolor, su consuelo es matar cada regalo que le has dado, destrozar hasta el último recuerdo que sólo logra sumirle en la mayor tempestad, solo desea un poco de paz, busca una ancla para sumirse en las profundidades del mar y restringir su vista hacia tu esencia celeste con el consuelo de que si no logra observante podrá saborear esa tranquilidad que se tinta con un frío mortal, una tonta ilusión que sostiene para protegerse a sí mismo.

El humano es egoísta, tal vez sea por ello que no concibe con gratitud tu entrega hacia otros cuando a él le relegas en última instancia, es su percepción narcisista, una que pudiera deformar ese afecto que gritaba con todas sus fuerzas, se encuentra perdido desde que no le regalas un poco de tu brillo y cuestiona firmemente si es que vale la pena sostenerse cuando sólo tu lograbas rescatarle, no encuentra una respuesta que se cargue de cordura y duda mucho llegar a encontrarla.

Luna divina ¿Es demasiado pedir un último rayo de luz?, el poeta sabe que después de ello deberá de encontrar un modo para no perturbar más en la noche, ese mortal sabe que no le amarás, jamás lograra poseer tu afecto, sólo quiere abandonar su residencia nocturna con un último recuerdo, solo busca un trozo de felicidad antes de entregar su cuerpo a la tierra que tanto le reclama.

Lejana luna, apiádate de ese humano insignificante y roto, carente de valor y desprovisto de importancia, acaba su tortura con el frío que logre helar su esencia, aclárale su insignificancia, no permitas que siga tal adoración, tu sin duda mereces todo el afecto que cada ser pueda ofrecerte pero el mortal se pierde a sí mismo en una locura encubierta con susurros que le impiden tener serenidad, solo te nombrará una última vez antes de encontrar su transformación en el frio nocturno para mostrar a la soledad como su nueva y eterna compañera a la que no podrá traicionar. 

AysunDonde viven las historias. Descúbrelo ahora