Recuerdo que hace tiempo alguien me dijo que toda historia de amor tiene un final feliz.
No sabía los motivos por los cuales me dijo eso. Yo no estaba involucrado en nada concerniente a su vida privada y mucho menos romántica, más sin embargo suponía que para esa persona su final sí había sido feliz.
Mientras pienso en las palabras de dicha persona, la noche se cierne sobre nosotros amenazante.
Hemos estado ocultos de todos durante aproximadamente una semana. Una semana en donde apenas y hemos comido.
Él tiene una herida en uno de sus costados y sé que pronto empeorará. La sangre que emana su cuerpo es alarmantemente rojiza.
La luz de la luna entra a raudales entre las rendijas de la persiana semi caída de la ventana. Le veo el rostro, pálido y sudoroso: sigue siendo tan hermoso como la primera vez que lo conocí y no quise aceptar. Sólo que esta vez él estaba a punto de morir.
—...loupe— me susurra y yo me acerco a él.
Sostengo su rostro entre mis manos y deposito un beso en su frente húmeda.
—Aquí estoy— contesto, porque sé que me habla sólo para asegurarse de que sigo a su lado.
Una semana en esta habitación en la que apenas y tenemos techo. La madera del suelo está resquebrajada y por las noches, como hoy, suele hacer un frío que cala hasta lo más hondo del cuerpo.
Veo a Tin, que está tiritando y me acomodo de tal manera que mi pequeño cuerpo pueda cubrir el suyo. Al menos, para que tenga un poco de calor corporal.
—Si muero...
—Nadie morirá— digo reticente. Pero en el fondo de mi mente sé que no puedo hacer mucho más por los dos.
Si alguien de la Asociación nos encontraba, estaríamos muertos antes de si quiera poder levantar el arma.
Desde que hirieron a Tin, no he dormido mucho. Suelo hacer guardia toda la noche, temeroso de que nos encuentren.
Le levanto la camisa un poco y veo que la venda que le puse casi está empapada de nuevo.
Quiero gritar por ayuda. Pero sería en vano.
Sólo una vez salí al exterior para poder comprar medicamento para su herida, pero al volver él se había puesto tan preocupado y pálido que durmió casi dieciséis horas seguidas.
No podía soportarlo más. No podía estar sin hacer nada.
No teníamos celulares ni ninguna forma de comunicación con los demás.
Estábamos solos...
De pronto escucho un ruido extraño en la planta baja de la casa en la que estamos. No es nada bueno.
—Tin— susurro en su oído—. Vamos Tin, tenemos que ocultarnos, alguien viene.
Él me lanza una mirada febril. Dos ojos negros y enfermos. Con la poca fuerza que le queda asiente despacio y se apoya en mí.
Él es un poco más alto que yo, sin embargo su cuerpo es más fibroso que el mío, por lo que se me dificulta movilizarlo.
Gruño cuando deja caer su peso completo sobre mis hombros, pero logro acercanos hacia una pequeña brecha que Tin ha construido oculta en una esquina. Es un espacio diminuto y tenemos que entrelazar nuestros cuerpos para poder entrar.
Abajo escucho fuertes pisadas que me avisan que suben corriendo hacia acá y no lo pienso más. Hago las tres tablas que cubren el escondite a un lado y como puedo meto a Tin en el espacio.
ESTÁS LEYENDO
Killer
General FictionCan es un estudiante de último año de Universidad. Vive con sus dos amigos, Ae y Good, en un edificio de apartamentos para estudiantes y lleva una vida tranquila y pacífica. En cambio Tin es un chico solitario y debe de ser así por un simple motivo...
