Capitulo 1 // Nota 30

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Ya habían pasado dos larguísimas semanas desdé que dejé de relacionarme con James pero aún lo ayudaba en matemáticas. Pero ya no era como antes porque me sentía triste aún.

*

Hoy es sábado, su mamá me pidió que fuera a su casa para que estudiará matemáticas con James y para que ella y yo charlemos.

Llegué pero no quería entrar a verlo y recordar aquellas palabras dolorosas que dijo frente a toda la clase aún siento oprimido el pecho. Es horrible, no sabes cuanto. Sentí como si toda la mierda que mando me la mandará directamente a mí.

¿Soy un enfermo? ¿Realmente debería morir? ¿Morir solo por amar diferente a lo socialmente correcto a lo "normal"? Ni siquiera se que es normal o no.

Toque el timbre de la puerta con pesadez en el cuerpo.

Su mamá abrió y pude ver como estaba esperando en la sala. Parecía deprimido e impaciente, no tomé importancia. Apenas y le tomé importancia a su presencia. No quería verlo porque sino recordaría, y los recuerdos son muy dolorosos, los recuerdos también matan.

—Hola, señora Elizabeth. —sonreí cordialmente.

—Hola, James. —salude con desdén absoluto.

Su madre lo notó y en sus ojos note una leve preocupación.

Subí hasta la habitación, toda estaba impregnada en su perfume varonil y su aroma que tanto me gustaba.

Cerró la puerta y empezamos a estudiar.

Me concentré en solo enseñarle y nada más, no intenté hablar de algún otro tema, ni siquiera intente mirarle o entablar conversación siquiera. No quería saber nada de él, ni de sus estúpidas ideas del siglo XIX. Porque aúnque aún me guste tengo dignidad y no la perdería por nada ni nadie. 

Estaba por salir de la habitación y su mano me sostuvo el hombro; él me detuvo. No pude avanzar más allá de la puerta.

Parece el típico cliché de los libros de romance que suelo leer.

—Hace más de dos semanas, Steven, ¡Hace más de dos putas semanas estas diferente conmigo!, ni siquiera sonries cuando estoy contigo ¿Qué te pasa? No hize nada malo, no entiendo. ¿Acado hice algo malo? ¿Es eso? —reclamó molesto e indignado.

Le dedique una mirada de incredilidad. — No me pasa nada. — respondí en tono desinteresado y frívolo. Él lo notó tanto que ví algo de miedo.

Su mirada suavizó. —Disculpa, seguro es por algo que hize o dije. —rogó, jamás creí verlo en tan penosa situación. — Desdé lo que paso eres el único amigo que tengo...

¿Y tu dignidad? ¿Dondé fue? ¿Qué dirá si se entera que le esta rogando amistad a un gay? Sería gracioso después de que dijo "jamás me relacionaría con un gay".

—Si no sabes porque estoy molesto contigo no te disculpes, es muy hipócrita de tú parte. —mi tono severo no cambio. — Y el hecho de que me quieras por el hecho de que no tienes a nadie me parece algo repugnante, banal y asqueroso.

—¡Entonces dime! —exigió a gritos.

Sus emociones cambiaban demasiado.

Aún calmado respondí. —No importa. —traté de seguir e irme pero me volvió a detener de la muñeca con fuerza.

—Dime ahora. — ordenó en tono firme y se molesto de nuevo.

—Es por tu comentario en clase de ética. — aclaré ya harto de esta situación dramática

—¿Qué dije de malo?

Posó sus ojos directamente en los míos. Y seguían haciéndome sentir lo mismo; galaxias y estrellas formandose a mi al rededor.

La lluvia de estrellas fugaces danzaban en mi vientre.

Pocas mariposas habían sobrevivido y esas seguían danzando jazz para él.

Se seguía sintiendo hermoso, se seguía sintiendo galaxias.

— "Los homosexuales son unos enfermos exhibicionistas, no hacen más que perjudicar a la sociedad, son unas escorias, una peste. Deberían morir. Yo jamás me relacionaría con un homosexual" y una larga fila de etcéteras para nada agradables. —repetí sus palabras con asco y dolor.

—Es la verdad, dan asco, los odio. Mi papá...— lo interrumpí por lo insoportable de sus palabras.

—¡Ódiame entonces! —grite eufórico.

Perdí la paciencia y lo golpee en el rostro, de su naríz salio espeso líquido rojo.

En esta ocasión si salí de la habitación. No dijo nada, tampoco trató de detenerme, solo se que quedo parado pensando, tal vez. Parecía tratar de asimilar lo que escuchó. Ya no sabía como reaccionar.

Llegué donde estaba su mamá. Ella me sonrió se forma muy tierna.

—¿Quieres quedarte a cenar, Steven? —me invito amablemente pero dudo querer ver la cara de James durante la comida.

—Mamá, deja que se vaya y no lo dejes entrar de nuevo, ese enfermo ¡Es gay, mamá! ¡Gay! —comentó con asco mientras trataba de limpiar la sangre.

Oh, Diablos, dolía mucho.

Mis ojos cristalizaron y volví a mis 10 años. La misma escena grotesca. Las mismas palabras.

La señora Elizabeth no dudó en ir hacía él y bofetearlo frente a mí.

—James, respeta, ser gay no tiene nada malo, no puedo creer que hayan aún jovenes con una mentalidad tan asquerosa como la tuya, estoy muy decepcionada, James. Nunca me sentí tan decepcionada como hoy. Los gays, lesbianas, transexuales, bisexuales, etc. Son como tú, yo y el resto de personas. Ni siquiera merecen esas etiquetas absurdas. Ahora mismo tus palabras son las unicas asco, James. —terminó la madre. —Disculpa, Steven. Realmente me siento muy apena por todo esto. —dijo con tristeza la madre. —No sé que hice mal. Creí haber hecho las cosas bien. Creí haberle inculcado valores. Pero me equivoque. —parecía querer llorar. —Te entiendo, amor. Te apoyo. Yo soy lesbiana.

Admitio y me sorprendió su confesión y a James parecía haberle sorprendido igual. —No se preocupe, no importa.

Nos abrazamos y nuestras almas lloraron. Lo sentí, ellas lloraban como lo haría un niño.

*

Salí de la casa de James, me sentía extrañamente más relajado, como si tuviera un peso menos de encima. Me sentí realmente libre, capaz de dominar el universo.

Nota 30

Querido Ex Crush.

Esperaba que hubieras dicho que todo era una broma muy mala o aun mejor que no hubieras dicho nada.

Y sobre lo de tu madre, ella es lo máximo, y sobre la cachetada, te lo merecías.

Querido CrushDonde viven las historias. Descúbrelo ahora