América del Norte
Capítulo primero: Sin respiro
Amelia
Lunes 13 de noviembre del 2030, 12:35 p.m.
El estallido de una cabeza zombi, en la pantalla de televisión, me hace dar una ligera sonrisa al aire. Un extraño placer recorre mis sudorosas manos mientras, armadas con una escopeta Remington, acabo con el último putrefacto zombi, y con ello, termina la oleada 20. El modo zombis de este videojuego es alucinante, ni siquiera mis amigos hombres, llegan tan lejos como yo. No hay nadie que juegue a este juego como yo. Me derrotan, en medio de un quejido de frustración, en la ronda 35, justo cuando trataba de volver al punto de inicio por más munición; uno de esos monstruos, quedó atorado al pie de las escaleras en un penoso lag del juego. Estúpidos programadores, es vergonzoso vender un juego donde tu peor enemigo son los lag de programación. En fin, el zombi impidió que escapara de la turba furiosa de muertos que me perseguía, y luego de algunos golpes, estoy de vuelta en la oleada 1. Apago la consola, en medio de un molesto bufido, y me dejo caer en la oscuridad de mi sala. Es lunes, así que tengo que asistir a los últimos días de la preparatoria.
La mañana amanece nebulosa y con pronóstico de lluvia. Todas las calles, atestadas de agujeros, acumulan rápidamente agua que amenaza con mojarme. Por alguna razón, el transporte público es todavía más apestoso en los días de lluvia: el interior se pone caliente y, con miedo de que la lluvia te dejé empapado, nadie abre las ventanas, condenando a los ocupantes a un saúna con olor a café y cuerpos sudorosos. Son casi 45 minutos hasta la preparatoria, el chico parado a mi lado en el atestado camión, trata, en vano, de sacar su mano de entre el gordo trasero de una mujer y el tubo que separa al conductor del amasijo de manos y piernas en el que se ha convertido el pasillo. Ni siquiera necesito sostenerme de los tubos, el lugar esta tan lleno, que solo debo quedarme quieta entre la espalda de un hombre de traje y los hombros de dos chicos que asisten a la misma escuela, para no caer al suelo. Le subo la música a mi celular, como tratando de ahogar el olor. El autobús se bambolea con fuerza, pisando los agujeros en el asfalto, haciéndonos rebotar unos contra otros.
-Un buen día ¿No crees? ¿Viajas seguido en este autobús?
Me quito los audífonos, y me giro un poco entre los hombros de las personas; Alan se encuentra parado justo a mi lado, tratando, en vano, de sacar su mochila de entre la gente. Lo conozco desde hace casi cinco años, fuimos a la secundaria juntos desde segundo e inclusive terminamos en la misma preparatoria.
-Viajo por negocios -digo finalmente ¿Te ayudo?
Él me niega con la cabeza, y, dándole un tirón a la mochila, la hace salir de entre la espalda de dos sujetos
-¿Te dejaste el cabello verdad? -el chico pasa su mano por los largos mechones castaños de su frente- te ves mejor con el cabello largo.
-¿Cuánto falta para que termine el quinto semestre? -pregunta frotándose las manos.
-Poco menos de dos semanas -el quejido fue mío en ese momento, nunca se me había hecho tan eterno el semestre desde tercero, quiero terminar hoy por la paz y volver a casa.
-Te vi conectada ayer en mi diadema de jugadores ¿Por qué no respondiste a la solicitud de la partida?
-Quería probarme a mi misma en solitario -le regalo una amplia sonrisa-, ayer llegué a la oleada 35.
-¿Estás jugando?, te estás haciendo más vicia que yo -luchando en el incómodo espacio, Alan pasa su cuerpo frente al mío- apenas si llegó a la 20, no sé como rayos logras mantener tus calificaciones y jugar al mismo nivel que mis amigos.

ESTÁS LEYENDO
Mi México zombie y querido
AzioneTodos los países tienen su propio apocalipsis zombie, pero solo aquí le ponemos sabor !Viva México! Una misteriosa plaga ataca nuestro país y solo un puñado de héroes contidianos está allí para evitarlo.