capítulo I

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«te amo»

Siento sus dedos en mi piel y, a la vez, no lo siento. Me eriza el solo soplo de sus labios contra mis labios, ese suspiro de casi ser besada.

Y, en realidad, no lo siento.

Todo es tan lejano y cercano.

«yo también te amo»

Pi. Pi. Pi. Pi.

No si es mi corazón el que bombea o es otra cosa.

Trato de luchar contra la marea envolvente de dolor que me ahoga, que me aturde. Esto no son sueños. Nunca había soñado, literalmente. Solo un oscuro y abstracto negro. Sin sonidos. Solo tranquilidad. Era como pisar mi propia pre-muerte.

Pi. Pi. Pi. Pi.

El dolor es punzante en mi cabeza y extremidades, dejándome solo una sensación nauseabunda. Y lucho con ella con todo lo que tengo. Porque necesito salir.

Pi. Pi. Pi. Pi

Un recuerdo: ojos verdes

Y, así, abro mis ojos marrones a la realidad

Y la realidad me confunde

Pi. Pi. Pi. Pi

Ahora reconozco que ese pitido solo proviene de una maquina. Una maquina de un hospital. Un hospital, que al parecer, estoy internada. Y no recuerdo cómo llegue aquí.

Pero, al mismo tiempo, ese pitido me recuerda a la última vez que estuve internada en un hospital, hace 6 años. Y como todo, desde ahí cambiaron muchas cosas para mí. Por eso no puedo refrenar el miedo de despertar aquí. Por eso, no puedo evitar que el miedo me ahogue.
De sentir cómo se me cierran las entrañas.

El sudor en las palmas de las manos.

La respiración irregular.

No, no puedo evitar ese pánico crudo que me blanquea el rostro.

A tientas, busco el interlocutor que me ayuda a comunicarme con una enfermera y lo presiono. Mientras espero, mi mente se va a oscuros recuerdos de mi pasado.

Cierro los ojos con fuerza, queriendo bloquear todos eso.

Porque, como en toda mi vida, nadie llega a mi rescate.

Y es entonces cuando, poco a poco, pese al dolor que abruma mi cuerpo, me voy levantando de la cama en la que estoy encapotrada.
El dolor de cabeza es tan grande que me cuesta hasta respirar. Aun así, logro desconectarme de cualquier jeringa o cableado -excepto del suero- y me levanto de esa cama.

La luz a través de la ventana es cegadora, y puedo ver como las pequeñas partículas de polvos danzan por un hilito de luz, y me recuerda a las melodías. Mis dedos zumban por volver a tocar música. Sin embargo, camino hacia la cortina y la cierro.

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⏰ Última actualización: Apr 28, 2019 ⏰

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Jaque MateDonde viven las historias. Descúbrelo ahora