Capítulo 4

1 2 1
                                        

Los árboles pasaban borrosos al otro lado de la ventanilla y el camino que dejaba detrás se desvanecía.
Disfruté viendo sus rostros sonrientes, el dolor que venía luego se había convertido en algo a lo que llegué a acostumbrarme.
Por lo que aún sabiendo el final de la travesía me dispuse a disfrutarla.
Porque solo en mis pesadillas escucho sus risas otra vez.

Desperté sudorosa y agitada viendo a Nate a mi lado.
-¿Estás bien?
-Sí. Ahora sí-. Contesto entre jadeos.
-¿Qué te sucedió?
-Pesadillas... ¿Pero qué haces aquí?
Suspiró
-Hoy vine más temprano y cuando me paré frente a tu puerta escuché todos los gritos y llantos ¿Qué diantres soñaste?
Ignorando o más bien evadiendo su pregunta cuestioné
-¿Cómo llegaste a entrar?
-Llamé al recepcionista y abrió la puerta. Pero no cambies de tema.
Resoplé y le dirigí una mirada al recepcionista quien se encontraba parado en la puerta de mi habitación
-Ya puedes retirarte. Ni se te ocurra decir una palabra de esto.
-Claro Sra. Con permiso.
Esquivé la mirada de reproche de Nate.
-Max...
Cerré los ojos con fuerza aún sintiendo el vértigo de la pesadilla.
-¿Puedes abrazarme al menos?
-Claro.
Se sienta a mi lado en la cama y me rodea con sus brazos.
Suspiro sintiendo una paz momentánea
-¿Suceden a menudo?
-Casi siempre-. Contesto comenzando a tensarme.
-¿Las enfrentas sola?
-Sí-. Respondo con un tono de O sea obvio.
Aprieta su agarre
-Oh Max, resuelves mis problemas teniendo tú los tuyos.
-Los míos no tienen solición-. Digo con sinceridad.
-¿Puedes contarme?
*Definitivamente no*
-Estoy rota Nate. Si eres inteligente te alejarás de mí.
-Esa es la frase clásica para rogarme que no me aleje de ti, y ahora es que yo te contesto  puede que entonces yo no sea tan inteligente.
La última parte la dijo con voz arreglada y me hizo reir suavemente.
Su cálido y protector abrazo me pide en silencio que me suelte un poco con él, que le demuestre que confío en él.
Tomo aire y lo retengo
-¿Recuerdas cuando me preguntaste si tengo una hermana?
-Sí... -. Dijo confuso y sin saber muy bien a dónde quiero parar.
-Tenía una hermana gemela.
Permaneció en silencio dejando que me desenvuelva a mi ritmo.
-Mis padres y ella murieron en nun accidente de tráfico. Recuerdo todo... mi papel es de sobreviviente.
-Oh Max.
Me aprieto contra él en busca de fuerzas.
-Pero siempre he sabido que soy una desagradecida. Porque... a pesar que estoy viva... no me siento afortunada.
Me acaricia la cabeza con mi rostro hundido en su pecho.
-Es normal nena. Perdiste a tu familia ante tus ojos, la muerte es mejor que vivir con eso cada día. Eso pensaría yo pero tú eres demasiado valiente para hundirte.
Tomo su pulover en puños
-Te equivocas, estoy rota y hundida... me falta un pedazo.
-¿Qué puedo hacer? -. Me preguntó y yo dejé de dudar.
-Dame lo que quiero conseguir desde que te vi.
-¿Qué es eso?
Me separé de él lo suficiente para hacer contacto visual. Con mis mejillas húmedas por las lágrimas y los sentimientos a flor de piel rodeé su cuello con mis manos y acercándolo lentamente lo besé.
Nos quedamos quietos unos segundos acostumbránsonos a la suavidad de los labios del otro. Hasta que rompí la separación y pasé mi lengua por entre los suyos.
Su sabor a menta y calidez prendieron algo en mi pecho. Una llama que sabía podía tanto alumbrar como quemar.
Subí mis manos hasta su cabello y su cabeza quedó entre mis antebrazos.
Me trepé sobre sus piernas y él recorrió mi espalda con sus manos.
Hasta que se congeló.
*No, por favor. No te arrepientas ahora*
-¿Qué pasa? -. Pregunto temerosa de su respuesta.
-Tú... tú...
Amor, si balbuceas tanto ¿Cómo supones que te entienda?
Bajó la mirada un poco y jadeando dijo
-Solo llevas sujetador.
Sus mejillas sonrojadas y ojos alarmados me provocaron risa.
La agitación de mi pecho llamó su atención otra vez y sentí su corazón latir desbocado.
-¿Esa el la razón por la que te detuviste?
Desvió la mirada y el puchero molesto me resultó tierno.
Me levanté y me paré ante él dejando ver que me encuentro en ropa interior.
*Seh, sé lo que piensan las chicas. ¿Duerme con sostén? Pues la razón de ello es que ayer llegué tarde del trabajo y me dio pereza cambiarme*
-Dime lo que vez-. Le ordené complacida por el cambio de su respiración.
-Yo... no puedo.
Volví a mi asiento favorito *Sus piernas*
-¿Quieres ayudarme o no?
C/A: JUEGO SUCIO MAX.
La profundidad en sus ojos me hizo tomar su cara lentamente con mis manos y besarlo nuevamente.
*Debo marcar un ritmo más lento, Nate no se toma las cosas con la rapidez y barbaridad a la que estoy acostumbrada*
Algo vibró bajo mí y pegué un brinco.
Nate me inclinó un poco para sacar su celular del bolsillo
*Joder que susto*
Contestó dejándome en visto. Puse una expresión mosqueada y Nate sonrió divertido.
-Sí Lorena. Voy para allá.
Colgó y yo enarqué una ceja
-¿Quién es Lorena? -. Pregunté sin molestarme en disfrazar mis repentinos celos.
-¿Por qué quieres saberlo?
*No lo sé, quizás tenga relación con el por qué dejaste de besarme para contestar su llamada Duh* pienso con sarcasmo.
Pero realmente me encojo de hombros y chisto
-No me importa ya.
Acaricia mi hombro con sus dedos y tiemblo.
Me trago un gruñido y él me dice
-Salgamos, quiero presentarte a alguien.
-Bien. Me asearé.
Sonreí para mis adentros al ver su sonrojo y caminé hasta el armario.
-Max.
-¿Si? -. Le pregunto dándole la espalda buscando la ropa.
-¿A qué te referiste el otro día con que no sales con hombres?
Continúo registrando el armario intentado que no me afecte.
-Nate, solo saco de ellos lo que me interese y hago lo que me plazca. Los sentimientos son términos que no se adecúan a mi personalidad. Es algo absolutamente sexual ¿Entiendes?
-Oh.
-Iré al baño.
-Está bien.
Me bañé y lavé mis dientes. Pero no traje la ropa al baño...
A propósito
-¡Nate!
-Dime.
-¿Podrías por favor traerme la ropa? De paso agarra un conjunto de lencería en la gaveta al lado de la cama.
*Je je je*
-¿¡Quieres que busque tu ropa interior!?
Su vergüenza es posible de oler desde aquí.
Adoro esto.
-Por favor-. Pido fingiendo inocencia.
No escucho su respuesta pero sé que busca por el ruido de la gaveta al abrirse.
Contengo la risa y espero pacientemente.
Al ver que no regresa me envuelvo en la toalla y salgo del baño.
-Nate ¿Por qué demoras tanto?
Me detengo en la puerta del dormitorio al verlo contemplando una fotografía.
*Mierda, olvidé que guardaba eso ahí*
-¿Estas son tu hermana y tú?
-Sí.
En la foto se veían nuestras claras diferencias de actitud.
Mi entrecejo estaba fruncido enojada por algo que ya no recuerdo pero la sonrisa de mi hermana es desenfadada y juvenil. No teníamos más de 7 años en aquel entonces.
-Eran idénticas-. Aprecia Nate.
Con la gargabta cerrada por la emoción asiento
-Lo sé-. Ciertamente nuestras apariencias eran seriamente comunes.
Dejó la fotografía sobre la mesita en lugar de dentro de la gaveta donde se encontraba anteriormente.
Se acercó a mí y depositó un suave beso en mi frente.
-Hubiese sido una mujer tan bella como tú. Tanto por dentro como por fuera.
Sollocé
-Si supieras cuánto deseo que no te des cuenta de lo equivocado que estás.
Me abrazó y comenzó a deslizar su mano por mi espalda aún húmeda.
-Si continúas pegada a mí conmigo sabiendo que por debajo de esa toalla no hay nada más no podremos salir de aquí.
-¿Quién necesita salir?
Se separa de mí un poco
-Vístete rápido. Te esperaré fuera.
¿Dónde querrá llevarme?
En realidad no importa, lo que sé es que confío en él.

Perdida En TiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora