El hombre tomó el cuchillo. La mujer quiso gritar, pero ni siquiera podía moverse. Miró aterrada como el hombre se acercaba lentamente, empuñando el cuchillo en dirección a ella. Necesitaba hacer algo, el cuchillo estaba a punto de matarla, el cuchillo iba a atravesar su piel.
Trato de concentrarse, reunió todas las fuerzas que le quedaban… y movió los dedos.
El hombre retrocedió asustado. Soltó el cuchillo y levantó el teléfono.
—Señor… Soy el medico forense. La mujer que acaba de enviarme sigue viva.
Cuentos para monstruos
Santiago Pedraza
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Pensamientos de un chico
PoesíaEstas frases no son mías, todos los derechos a sus respectivos autores.
