Había una vez, un perro de raza boxer llamado Jacinto. Éste vivía con su dueño, don Armando, un señor de campo, muy malo y violento.
Jacinto ya estaba acostumbrado a los maltratos de su dueño, y a pesar de que él no hacía nada siempre lo maltrataba.
A medida que pasaban los años Jacinto ya se empezaba a cansar de su dueño, el por parte de Don Armando era tanto que ya le empezaban a doler los huesos del pobre.
El animal iba a su lugar de descanso, el establo y se recostaba mirando al cielo y decía: ¿Por qué mi amo me maltrata tanto? El amo lo escuchó y fue al establo a ver que le pasaba.
Al otro día Jacinto no había salido del establo, vino su dueño para pegarle y vió que salía sangre de su pata.
Lo miró y, como todo dueño, le habló a su perro preguntándole que le había pasado, el perro no le contestó, es obvio, ¡los perros no hablan!
Don Armando lo llevó rápido a la Veterinaria del pueblo y le dijeron que el perrito estaba muy grave. el viejo campesino preocupado preguntó: ¿Y que le habrá pasado? y el veterinario le contestó: Lo maltrataron, pero no es la primera vez que lo hacen.
El dueño se hizo el tonto diciendo que nunca lo golpearon, pero sí lo maltraron y fue él.
Pasaban los dias y Jacinto se recuperó. Salió,miro a su dueño, y lo empezó a morder hasta hacerlo sangrar.
El dueño lo miro y no dijo nada, tenía razón en morderlo.
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