5. El susurro de lo que fue

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Sábado, 14 de Junio 2016- Malabo, Guinea Ecuatorial.

Nicolás conducía con la mente perdida. La música sonaba apenas, un eco lejano frente al torbellino de pensamientos. Tenía una cita con Emma y luego la inevitable visita a casa de sus padres. Resopló. Sabía qué conversación lo esperaba y no tenía ánimos para sermones sobre el "deber ser".

¿Por qué no lo dejaban vivir su dolor a su modo? Si quería aferrarse a sus recuerdos hasta el final, era su derecho. Golpeó el volante, ahogando la rabia.

Subió el volumen. Debía aparentar normalidad. Nada más.

Cuando Emma abrió la puerta, su sonrisa parecía ensayada. Nicolás la saludó con un beso fugaz en la mejilla.

—Buenas tardes, señorita Asangono. Como prometí, aquí estoy —dijo, alzando una botella de vino.

—Hola, señor Esono. Bienvenido —respondió Emma con una reverencia burlona.

Emma era hermosa, con ojos grandes y piel luminosa, siempre ocultando su fuego tras una calma estudiada. Nicolás, imponente, destacaba sin esfuerzo: fornido, piel tersa, ojos verdes hipnóticos, herencia de su madre, la mujer de los ojos hechizantes.

Entraron. Nicolás se sorprendió al ver la comida sobre la mesa.

—¿Has invitado a alguien más?

Emma negó con una sonrisa tímida.

—No... solo tú.

—Es demasiada comida. Si tuviera un segundo estómago, quizá me animaba a terminarlo todo y luego acabaría con la panza inflada—bromeó, mientras se sentaban.

—Preferiría que no. Así estás perfecto —murmuró ella en voz muy baja, tanto que él no llegó a oír.

La cena transcurrió entre risas, vino, historias banales que los distanciaban de lo que no se atrevían a decir en voz alta. Para cuando llegaron al sofá, con la luz cálida acariciando sus rostros y el vino llenándoles las mejillas de color, el ambiente ya era otro.

Entonces, Emma preguntó lo inevitable:

—¿Cómo es que sigues soltero?

Nicolás respiró hondo. El cambio en su expresión fue inmediato. Silencio. Emma entendió, pero no retrocedió. Sabía que él arrastraba el peso de una pérdida que no terminaba de explicar. Pero también sabía que lo quería, desde mucho antes de que él se apagara.

Esta vez, ella no pensaba quedarse de brazos cruzados.

Se acercó lentamente, como hipnotizada por esos ojos verdes, únicos en su especie. Él no se movió. Y entonces lo besó.

Primero fue un roce, después, un incendio. Nicolás respondió con una mezcla de necesidad y culpa. Sus manos descendieron por la espalda de ella, explorando su piel con una reverencia contenida. Emma se dejó llevar, su cuerpo vibrando al compás de las caricias que tanto había esperado.

Él la recorrió con las manos, la desvistió con precisión ansiosa, como quien se aferra a un escape. Ella gimió suavemente, entregándose a su tacto.

—Nick... te necesito —susurró, aferrándose a él, pidiendo sin pudor.

Estaban a punto de cruzar esa línea... cuando su mente volvió a traicionarlo.

FLASHBACK

—Nick...hazme tuya, amor —susurró ella, su voz hecha miel y necesidad.

Nicolás la adoraba con la boca, con las manos, con todo su ser. Entro en ella con una sola estocada, su cuerpo temblando al hundirse en el de la mujer que era, que sería siempre, su único amor.

Enredo I: Sueño o realidadDonde viven las historias. Descúbrelo ahora