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Salgo rápidamente de mi casa evitando todas las situaciones en las cuales es necesario relacionarse y me encamino hacía casa de Katy. Ella siempre me hace sonreír y quería ver que me tenía previsto para esta noche. Cuando llego a su casa, llamo al timbre y me abre lina; su compañera de piso, me mira de arriba a abajo y me pone una sutil cara de asco que le sale natural.

Pff, ahora que me paro a pensar después del caos, me doy cuenta de que, muy probablemente esté hecha un cuadro entre que no me ha dado tiempo a arreglarme y entre que tengo el rimel corrido.

- Si buscas a Katherine está en el nuevo pub de la zona; el skiesit. Ahh y un consejo, mirate a un espejo- me dice con un tono agudo de voz.

- Vale gracias- le digo y me voy hacia allá. En el trayecto consigo observar mi rostro en el reflejo de una tienda y entiendo a lina. Mi cara tenía la peor expresión posible, mi pelo rizado se había encrespado más de la cuenta, y... no, no puede ser, había salido en zapatillas ¿Por qué soy así? Me planteo ser la persona con menos suerte del mundo. Empiezo a maldecir y la gente se me queda mirando, cierro los ojos, suspiro, me arreglo lo máximo posible la cara y continuo, sin importame el calzado. En estos momentos solo quería abrazar a Katy y encontrar un poquito de paz.

Cuando llego a skiesit, entro y se me hace imposible ver a mi amiga por la cantidad de personas que estaban en el acto bailando y moviendose. Entre toda esa multitud me empiezo a agobiar por lo que me acerco a la barra y al menos me tomo algo. Me pido una bebida y me relajo mientras me concentro en localizar a Kate.

Acto seguido mis oidos dejan de funcionar no pudiendo oir a nadie del local y empiezo a escuchar otra vez a las voces, era más raro de lo común porque, además de que solía escucharlas por la mañana, ahora sonaban más contundentes. Dirijo la mirada hacia las mesas y me encuentro otra vez a ese siniestro chico de la semana pasada. Un chaval de unos 19 años moreno, con ojos verdes, fuerte y lleno de tatuajes, vestido con ropa negra. Él me mira y en ese instante porfin reconozco lo que me dicen las voces.

-Ven conmigo.

No se porque lo hice pero me acerque a él y me condujo fuera del pub. Ahora estamos en una callejuela solitaria detrás de skiesit, de repente cesan las voces y él me habla con voz rasgada.

-Esta es una noche peligrosa, deberías estar en casa, pronto vendrán ellos, recuerda que hoy vienen a por nosotros.

Su voz suena igual que mis voces, es como si antes se hubiera estado comunicando conmigo a través de mi cabeza. Contando con eso todo es muy extraño y no sé de que me está hablando. Lo dice con mucha naturalidad, parece como si me conociera de antes y supiera de lo que habla. No reacciono ya que no se como hacerlo. Él me mira sorprendido.

-¿No te lo han contado?

-¿Contarme que?

-Es mejor que te lo diga otro –hace una pausa como si hubiera escuchado algo – nos tenemos que ir, ¡rápido!

Del todo desconcertada por la confianza irracional hacia él, le lanzo una mirada de aceptación y nos preparamos para irnos pero en la puerta de entrada se derrumba algo que nos impide el acceso a skiesit.

-¡Corre! –exclama alertado

Esto ya me empieza a asustar, así que le hago caso. Empezamos a correr rápidamente, salimos de la calle y entramos en la avenida de la ciudad sorprendentemente vacía para ser viernes .Vamos directamente a mi casa pero de repente se para en seco, gira, me coge del brazo y se desvía yendo hacia otra dirección, pero me detengo.

-¡No!, se va por aquí a mi casa – le digo señalando el camino correcto.

-Ya pero provienen de por ahí y de verdad, no quieras que te alcancen

La puerta del cambioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora