The Pretty Reckless sonaba a todo volúmen en mi estéreo y yo estaba completa.
Hacía un día hermoso y yo estaba ordenando mi armario mientras cantaba "Make me wanna die" con todo sentimiento sobre la voz de Taylor Momsen, casi como si fuéramos hermanas gemelas perdidas, Dios quisiera. Bailando y saltando como si la vida me fuera en ello, mientras mi cabello iba de aquí para allá todo revuelto y al despeinado. Mi cuerpo cubierto solamente por una remera larga negra lisa y descalsa sobre la madera tibia de mi habitación, que bueno era ser yo.
Se suponía que tenía que terminar toda la tara de álgebra que el profesor nos había dejado el miércoles pasado, pero a decir verdad, era lo que menos tenía ganas de hacer. Así que ignore mis deberes curriculares y seguí cantando. Tirando, doblando y guardando ropa por todo el cuarto. El fin de semana estaba terminando de la mejor manera, hasta que me acordé. Vi un suéter gris de mi hermana entre toda mis prendas y se me vino a la mente, mi hermana, sus amigos, maldición.
Yo no quería tener que ver gente hoy, creo que lo que yo más deseaba era quedarme en mi habitación, viendo la televisión, esos programas aburridos que pasan los fines de semana,leyendo o simplemente quedándome mirando las estupideces que publican en las redes sociales, prefería eso a que tener que salir a recibir visitas, y más si es de gente que no conozco.
Eran al rededor de las 12 del medio día ¿Quién visita a esa hora?
Me tocaba irme a alistar, casi estaba por llegar la gente, y no me puse elegante, no, tenía planeado solo saludarlos e irme a mi habitación, no estaba en los días en que quiero socializar, quería estar sola.
— ¡Sofia vamos, ábreme la puerta!
— Anda mamá, estoy cambiándome.
—Soy tu mamá creo que no hay nada de malo en eso.
Algo que mi mamá no entiende es que tengo 14 años, y no me gusta que me vean mientras me cambio o estoy en mi habitación arreglándome.
— Mamá ... ¿Puedo preguntar algo? — le dije a mamá con un poco de timidez.
—Claro Sofia, dime.
— ¿Quiénes son las personas que vienen?
— Amigos de tu hermana, nena. Los de la primaria, ya sabes.
— ¡Tanto alboroto por ellos!
— No seas odiosa Sofia, saldré con tu padre, te quedas ahí, sin molestar, por favor y trata de dar buena impresión, anda, ve, y socializa ¿Me lo prometes?
No podía prometerlo, al día siguiente tenía clases y me quedaba la pila de tarea que había dejado la noche anterior sobre mi escritorio.— Bien, bien, te lo prometo. — Dije bufando.
Finalmente llego la tan inesperada visita ¿Si se nota mi sarcasmo? Empecé a saludar con una falsa sonrisa, salude a un chico, su piel es blanca, tiene unos labios bien lindos, rosados. A una chica delgada, un poco morena, y le sonreí a mi hermana, Gloria. Cuando me di vuelta, vi a otro chico alto, en el umbral de mi casa ¿Tenía que ir a saludarlo? No. Después le sonreía y ya con eso bastaba.
Mi hermana es de las personas que siempre le gusta compartir con sus amigos, demasiado diría yo. Ella tiene su novio, su nombre es Luis. Y como ella tenía tiempo que no veía a sus amigos decidió invitarlos a casa.
Decidí irme nuevamente a mi habitación sin decir nada, pero si me di cuenta que la chica morena a quién salude, era muy amable, se le notaba en la mirada.
Al pasar las horas en mi habitación, pasando canal por canal, sin nada interesante que ver, solo pura basura, y también después de revisar mi celular muchas veces, no tenía más opción que irme con todos a socializar. Que quede en evidencia que no tenía ningún inerés por hacer mi tarea, y menos un domingo, lo siento mucho por el profesor de Smith.
Quiero aclarar que soy muy sociable, soy amable, humilde, me gusta molestar con mis amigas, y en especial con mi mejor amiga, ambas somos un desastre cuando estamos juntas.
Vamos por la calle gritando como nunca, y saludando a gente desconocida, algunos nos devuelven la sonrisa, otros nos miran raro y siguen caminando... Suele pasar. Pero como dije anteriormente no estaba en mis días, estaba aburrida.
Dure horas ahí sentada escuchando a todos hablar, menos al chico quien yo no había saludado, de vez en cuando el chico me miraba y yo lo miraba a él. Era lindo, muy lindo, quería saber su nombre, pero ni modo de apartarlo, eso daba mala impresión. Ni tampoco hablar ahí con él mientras todos hablaban de temas distintos.
Después de unos minutos, me quede mirando mi celular, y cuando alce la mirada vi al chico lindo, discutiendo con la mujer morena, la morena le decía que dejará de alzarle la voz, y él solo se puso se pie y se dirigió a la cocina de mi casa con su celular en la mano.
La chica empezó a llorar, nadie lo notaba solo yo.
Que mala impresión me lleve de ese chico quien hizo llorar a la morena. Digo, si tienen problemas ellos dos, deberían resolverlos a parte, y no en un lugar donde están todos. No me importa, eso no lo tenía que hacer.
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