10. Reina de la noche

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Sabado, 29 de Junio 2016- Malabo, Guinea Ecuatorial

El gran día tan esperado finalmente había llegado.

Durante toda la tarde, los organizadores se habían encargado de que todo saliera según lo previsto. La gran sala del Hotel Elefante Blanco, uno de los más prestigiosos de Federico Adjibi, había sido decorada con un gusto exquisito. Candelabros colgantes, cristalería brillante y arreglos florales de tonos marfil y dorado que daban al ambiente una atmósfera digna de la alta élite.

Mientras tanto, en la suite matrimonial asignada a los anfitriones, Carla terminaba de arreglarse. Frente al espejo de cuerpo entero, se contempló con detalle. El vestido de terciopelo perlado abrazaba sus curvas como una segunda piel. Su parte superior, sostenida por dos hilos delgados, dejaba al descubierto unos hombros perfectos, mientras que el escote pronunciado mantenía un equilibrio elegante. La falda, más liviana, se movía como una extensión de su silueta, con una caída perfecta hasta el suelo.

Carolina había hecho llamar a uno de los mejores estilistas de la ciudad, y el resultado era evidente: su cabello castaño, peinado en un moño griego con ondas suaves, enmarcaba su rostro con armonía; su maquillaje resaltaba unos ojos grandes y vibrantes, mientras que los labios, pintados de un suave coral, completaban una imagen digna de una reina. El collar de perlas, los pendientes discretos y los tacones fueron el último toque. "Se veía perfecta. Pero también más sola de lo que admitiría. Y eso... dolía más de lo que su vestido podía ocultar."

—Estoy lista —murmuró, hablando más para sí que para su amiga del otro lado de la pantalla—. ¿Tú qué opinas, corazón?

—Tus vestidos anteriores parecen sacos de papas al lado de ese —dijo Claudia entre risas desde su portátil—. Estás exquisita. Serás la reina de la noche... y, sobre todo, la bruja de Anabel querrá matarte.
Ambas amigas rieron.

—¿Y cómo llevas lo de convivir con ella después de tanto tiempo?

Carla se sentó con elegancia sobre la cama, cuidando no arrugar el vestido.

—Horrible. No me soporta, y yo tampoco la soporto a ella. —Soltó un suspiro—. ¿Y tú cuándo vienes? Te extraño, a ti y a tus fechorías.

—Eres mi jefa, ¿recuerdas? Tengo todo encima desde que no estás —Claudia hizo un puchero—. Pero en dos semanas estaré allá.

Estaban por seguir conversando cuando unos nudillos tocaron suavemente la puerta.

—Amor, tenemos que irnos ya. Te espero abajo —dijo la voz de Víctor tras la puerta.

—Enseguida bajo, cariño —respondió Carla, mientras Claudia reía con picardía desde el otro lado de la pantalla.

—"Enseguida bajo, cariño" —imitó Claudia, burlona—. ¡Hui, la noche promete!

—¡Ya para el carro, bruja! —Carla le sacó la lengua—. Te quiero mucho.

—¡Y yo a ti, reina!,  Solo prométeme una cosa: no dejes que nadie apague lo que eres, Car. Estás hecha para brillar... pero también para luchar....Chao.

Carla cerró la videollamada con una sonrisa renovada y mucha energía, se levantó con calma, recogiendo su monedero. Al salir de la habitación, bajó con elegancia las escaleras. Y entonces lo vio.

Víctor estaba al final de las escaleras, hablando por teléfono, de espaldas. Llevaba una camisa blanca que le marcaba perfectamente el torso, pantalones sastre oscuros, y el saco colgado del hombro con descuido elegante.

Carla sonrió para sí. ¡Vaya, está impresionante!

Él no la notó hasta que estuvo a pocos escalones. Al volverse y verla, se quedó sin palabras. Sus ojos oscuros la devoraron, inmóviles, encendidos de deseo contenido. Carla lo sintió, lo supo. No necesitaba que él dijera nada. Esa mirada lo decía todo... y nada de lo que pensaba era inocente.

Enredo I: Sueño o realidadDonde viven las historias. Descúbrelo ahora