Fausto
Lo primero que veo al abrir los ojos es un borrón negro que se mueve de un lado a otro. A medida que el molesto pitido de mis oídos va disminuyendo, el borrón negro que hace apenas unos segundos se movía ante mí va adquiriendo nitidez hasta que por fin puedo distinguir una manga negra.
—Fausto, ¿estás bien? —Reconozco la voz de Logen—¡Por todos lo elementos! No puedo creer que haya funcionado.
Intento incorporarme, pero un inmenso dolor en el pecho me dificulta la tarea. Me miro la ropa. Sangre. De repente recuerdo todo lo ocurrido. Como sospechaba, algo realmente extraño estaba pasando en Granth. La celebración de La Reconquista era una trampa. Y junto al recuerdo viene el dolor. No es un dolor físico como consecuencia de las heridas que cubren mi cuerpo. Es peor. Es un dolor nuevo. Un dolor que nunca antes había sentido y que recorre hasta el último punto de mi cuerpo al recordar como el hombre al que me obligaron a llamar padre atraviesa con una espada a mi madre. No quiero hacerlo, pero me fuerzo a mirar a mi alrededor y me encuentro con un mar de cadáveres. Hombres, mujeres, niños... Esta matanza no puede ser real.
—Logen. —Me sale una voz ronca. Casi no me reconozco en ella. El nigromante me mira con una cara que, a pesar de conocerlo desde hace muchos años, no sé cómo interpretar. —¿Lo has conseguido? ¿Las has sacado de aquí?
—He conseguido que Samira, Ivy y algunas de sus damas escapasen por los pasillos, pero... —Baja la cabeza.
—¿Pero qué? —pregunto, aún sabiendo que no quiero oír la respuesta.
—Pero no he podido ayudar a nadie más, Fausto. —dice casi entre sollozos —. Tu madre, tu hermana, tu sobrina... —dice mirando tres cuerpos cubiertos por una manta.
A lo mejor no es dolor lo que siento. A lo mejor se trata de odio. O puede que una mezcla de ambos sentimientos. Miro a mi lado y veo el cadáver del rey Fadir. El hombre al que una vez llamé padre yace ante mí con mi espada clavada en su vientre. ¿Debería sentir placer? ¿Alivio quizás? No siento nada de eso; simplemente este nuevo sentimiento al que no sé cómo llamar.
—Fausto. —Logen interrumpe mis pensamientos. —¿Cómo te encuentras? ¿Puedes moverte?—titubea —. Quiero decir... Tu corazón se ha parado durante al menos cinco minutos. Has estado muerto.
—Logen, no quiero subestimar la nigromancia, pero ¿no se supone que no es posible volver a la vida después de la muerte? ¡Eso es algo que ni siquiera un nigromante puede hacer!
—Yo tampoco pensaba que fuera posible. Al menos hasta hoy. —me contesta el nigromante.
Ahora que me fijo en él, me doy cuenta de lo exhausto que parece. Debe de haber usado una increíble cantidad de magia para ayudar a escapar a Ivy y al resto. Y si es cierto lo de que me ha traído de vuelta a la vida, debe estar a punto de desvanecerse.
—¿Recuerdas cuando en mi último cumpleaños me conseguiste aquel libro de la sesión prohibida de la biblioteca antigua de Rydia? —Asiento. —Bueno, pues había un hechizo cuya eficacia siempre quise probar y hoy llegó el día. Es un hechizo peligroso ya que quién lo hace maneja las almas de las personas, pero era la única opción que tenía.
—¿Has manejado mi alma? —pregunto.
—La tuya no, la de la reina. —Al ver mi cara de disgusto, continúa rápidamente. —No me malinterpretes, Fausto. Para que el hechizo funcione tienen que darse unos acontecimientos muy concretos. Primero, la persona que va a revivir no puede llevar muerta mucho tiempo, pues el hechizo debe ser lanzado poco después de su muerte. Segundo, se necesita el alma de alguien que en vida haya tenido una conexión muy especial con la persona sobre la que va a ser lanzado el hechizo. Y tercero —hace una pausa—, la persona sobre la que será lanzado el hechizo debe tener un deseo inmenso por seguir viviendo.
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Marabilia 5. Fanfic de lo que quería que pasase.
Fiksi Penggemar¡Hola! Esto es un minifanfic de Reinos de Cristal, así que contiene muchos spoilers del libro. Si aún no lo has acabado, espérate a terminarlo porque de lo contrario te fastidiará la lectura. Se supone que esto pasa después de la página 415 del libr...