Parte 2

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El slime se recargó en su silla dentro de la sala de juntas, habían tenido una reunión relativamente de emergencia. No era nada inusual, sabía que el tenía a individuos competentes para poder manejar casi cualquier tipo de situación, y la situación no podría considerarse de cuidado, pero...los involucrados alegaban que era necesario informar sobre la situación, aunque sea para que estuviera enterado de lo que sucedía y por si había necesidad de su intervención.

Cuando todos salieron caminando, un tanto agotados pero tranquilos de que la situación estuviera totalmente bajo control, el slime suspiró con cansancio, últimamente los días parecían ser un poco más cansados, aunque sabía con certeza que era algo mental, en todo momento el tenía que estar en una junta o en otra, pendiente de las construcciones o hablando con los encargados de cada departamento...

Al final solo pudo llegar a la conclusión de que necesitaba vacaciones, liberar, aunque sea un poco de estrés y relajarse por algunos días. Tal vez cuando todo ese asunto terminara, lo haría, tomaría unos días fuera de Tempest, explorando un poco ese mundo.

Tomo la decisión de ir a caminar, si bien no podía tomar unas vacaciones en ese momento si podía ir y dar un paseo, olvidarse del mundo por unos minutos y simplemente mirar la ciudad a lo lejos. Casi sin que se diera cuenta caminó hacia su lugar preferido, una colina que daba vista hacia la ciudad. A veces era acompañado, principalmente por Ranga, pero en ese momento nadie estaba con él. Llegando al camino que usualmente transitaba empezó a subir por la colina, acercándose poco a poco, empezó a escuchar un silbido tranquilo, un silbido que tenía un ritmo que hizo que la piel se le pusiera de gallina...podía reconocer ese ritmo, lo había escuchado numerosas veces, aunque nunca en la realidad, ese ritmo...lo había escuchado solamente en su cabeza...

Llegando a la cima, pudo ver a alguien de pie mirando a la ciudad, le daba la espalda, pero pudo reconocerlo de inmediato.

—Por bravo mar navegare—. Escuchó la voz masculina. —Ahogarme yo no temo...Y sorteare la tempestad...si eres para mi...—. Dio unos pasos más, viendo como el otro estaba relajado, sin ser consciente de que el estaba ahí. —Ni ardiente sol...ni frio atroz...me harán dejar mi viaje...—. Sintió que su pecho se calentaba un poco, la anticipación del momento haciendo que tomara un poco de aire, preparándose para lo que el conocía como lo inevitable. —Si me prometes corazón...amarte...

—Amarme por la eternidad...—Pudo escuchar su propia voz, siguiendo el ritmo de la canción que hace un segundo estaba cantando en soledad el contrario. Dio unos pasos más mientras Veldora se daba media vuelta, mirándolo un tanto impresionado, si era porque alguien estaba completando su canción o era por ver a Rimuru ahí, no lo sabía. —Mi buen amor tan dulce y leal—. Levantó el brazo en un ángulo de 90 grados, invitando al contrario a bailar de aquella forma en particular. —Me asombran tus palabras—. Veldora acompaño a Rimuru, levantando el brazo y siguiendo los pasos que empezaba a dar el slime en su forma humana. —No quiero una empresa audaz...es bastante si me abrazas—. Ambos empezaron a bailar y dar vueltas mientras seguían bailando. Rimuru había tocado el hombro de Veldora mientras el contrario colocaba su mano en la cintura. Ambos estaban bailando un poco más rápido.

—Sortijas de oro te traeré, poemas te voy a cantar, te cuidare de todo mal si siempre me acompañas—. Siguieron cantando de forma más alegre, dejando atrás la tonada tranquila.

—¿Sortijas de oro para qué?, poemas no me importan ya, tu mano solo sostendré...

—Mejor que eso no hay más.

Ambos empezaron a cantar al mismo tiempo, mientras no dejaban de bailar. —Con tus abrazos y tu amor, en las danzas y en los sueños, en pena y alegría igual, conmigo yo te llevo, por bravo mar navegare, ahogarme yo no temo, y sorteare la tempestad si eres para mi...

Se detuvieron, mirándose fijamente por un largo momento, lentamente entendiendo lo que había sucedido. La realización llegando a ellos lentamente, mientras la luna iluminaba esa pequeña colina escondida.

—Entonces...nosotros...—. Trató de decir Rimuru mientras el nerviosismo se hizo presente en su voz, procesando lo que había sucedido.

—Creo...creo que si...—. Dijo Veldora igual de nervioso.

En la Danza y en los Sueños.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora