Desde que era una niña, ella siempre le había temido a aquel lugar.
Aquel largo y oscuro bosque.
Las historias que se contaban en el pueblo no eran pocas, y ninguna tenía un final feliz.
Aun así ella tenía que atravesarlo cada vez que iba a visitar a su abuela.
Se trataba de una señora entrada en años, cuya casa se encontraba en lo profundo de aquel tenebroso bosque.
Antaño, ella y su marido habían construido la cabaña en la que vivían, mucho antes de la fundación del pueblo.
Años después de la muerte de su esposo, la señora había declinado en abandonar su hogar, y ahora con su edad, no podría aunque quisiera.
Y su pequeña nieta de apenas doce años, lamentaba mucho este hecho cada vez que su madre la enviaba a llevar las provisiones para su abuela.
Cada vez que tenía que recorrer la espesura de aquel bosque su corazón no dejaba de latir con fuerza ni siquiera un momento.
Los ruidos que se escuchaban, las sombras que lo cubrían, la sensación que daba, todo era suficiente para erizar la piel de un adulto... una niña no era rival, y ella lo sabía.
En el pueblo se decía que allí vivían criaturas monstruosas que devoraban personas. Contaban como más de uno había desaparecido al adentrarse por equis razón.
Pero siempre había una que se nombraba con especial pavor. Criaturas enormes y peludas con grandes colmillos se aventuraban en las espesuras, cazando hombres, mujeres y niños por igual.
Muchos podrían pensar que se trataba de simples cuentos de pueblo. Rumores vanos inventados por la ignorancia de las personas, por simples supersticiones, o solo cuentos para asustar a los más pequeños.
Pero ella no. Ella había cruzado aquel bosque, ida y vuelta más de una decena de veces, y sabía que allí había algo.
Sabía que lo que sus vecinos decían, debía basarse en algo, en algo real. Por eso siempre había sido precavida, y observadora.
Cada vez que entraba en aquel bosque de espeso aire, lo hacía rápida y cuidadosamente.
Para ser una chica joven, era inteligente.
Nunca recorría el mismo sendero. Cada vez que lo hacía, de una u otra forma procuraba evitar los puntos cuyo su instinto le decía eran peligrosos.
Nunca se detenía, ni hablaba con nadie. Sabía que otras personas hacia de aquel bosque su hogar, pero en el pueblo se decía que no eran personas fiables.
No viajaba pesada. Procuraba no llevar mucho, y siempre vestía ligera. Con su confiable caperuza verde se aseguraba pasar desapercibida entre los árboles y los arbustos.
Y sobre todo, nunca se confiaba. Si algo la hacía sentir insegura, corría, a toda velocidad, sin dar vuelta atrás, jamás.
De esta forma se había mantenido a salvo, todas y cada una de las veces que fue a la cabaña de su abuela.
Todas hasta aquel momento.
Cuando en ese momento encontró algo nuevo. Un sendero que ella no conocía.
A tan solo unos minutos de haberse adentrado en el bosque, la niña de la caperuza verde se topó con una bifurcación que no existía la última vez que vino.
Era un sendero burdo, tan solo marcado por la falta de maleza en él. Había sido hecho a prisa, como si a quien lo había hecho no le hubiera alcanzado el tiempo para más.
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3 Historias cortas
Short StoryEsta es una compilación de cortos de mi propia autoría. Son historias cortas cuyo objetivo es transmitir una simple idea sin intenciones de crear una trama. Espero que las disfruten.