—¡Mierda, mierda, mierda! —Salgo corriendo por el pasillo, parándome solo para ponerme la deportiva que me falta. Sí, sé que parezco ridícula llevando un traje de chaqueta azul marino y medias con unas deportivas blancas, ¡pero para conducir son mucho mejores que los zapatos!
Reviso, antes de seguir con mi carrera, que he metido los zapatos de tacón para el trabajo en la bolsa, y que llevo las llaves del coche y la documentación en el bolso a pesar de que lo preparé todo anoche antes de irme a dormir. Aprovecho para guardar el móvil y salgo corriendo hacia la puerta bajo la atenta y atónita mirada de mi hermano y mi sobrina.
—¡Nos vemos esta tarde! —exclamo desde la puerta, saliendo al pasillo. Creo escuchar la voz de mi hermano en la lejanía, pero he cerrado la puerta tan deprisa que no sé lo que me ha dicho.
—¡Mimi, las llaves! —La puerta se abre antes de que pueda llamar al ascensor y me giro, observando a mi hermano Chris apoyado en el marco de la puerta y con mi llavero, un enorme pompón rosa, colgando de su dedo—. Un día de estos te dejas la cabeza.
—¡Jolín, es que voy con la hora pegada! —Corro hacia él, cogiendo las llaves antes de darle un sonoro beso en la mejilla, cerciorándome, después, de que no le he dejado la marca del labial en la mejilla.
—Mimi, vas con tiempo de sobra, llegarás en veinte minutos y falta casi una hora para que entres —me dice con una sonrisa en los labios. Sabe que no tengo remedio, y yo también lo sé. ¡Pero de aquí al centro de Los Ángeles puedo encontrarme con algún atasco! ¡O a saber con qué!
Voy a responderle, pero entonces una vocecilla algo adormilada y tierna me saca de mis pensamientos, relajándome también de manera instantánea. Es como si su sola presencia lograse calmar mis nervios.
—Tita, ¿me das un beso?
Nelly alza sus bracitos y abre y cierra las manos, reclamando mi atención. ¿Y cómo le voy a decir yo que no a esa belleza de ojos azules que me pone morritos? ¡Si es que me la como! Me acuclillo y la cojo en brazos, dándole un besito en esos morritos de pato que pone, lo que provoca que suelte una tierna risita que llena mi corazón de calorcito.
—¿Vienes a buscarme al cole?
—Claro que sí, mi vida —contesto, dándole un nuevo beso antes de bajarla al suelo—. Hoy toca tarde de chicas.
—¡Bien! —exclama, alzando los bracitos y mirando hacia su padre, el cual nos observa con aire divertido y las cejas arqueadas.
—A ver qué hacéis, que tenéis mucho peligro vosotras dos —dice, mirando hacia su hija, que hincha el pecho, orgullosa.
—¡Es un secreto! —Su tono tajante me hace reír, al igual que a su padre.
—¡Ay, el trabajo! —exclamo tras unos segundos, que ya me había despistado con la pequeña. Mi hermano se echa a reír entonces y se acerca, dándome un fuerte abrazo. Aunque nos parecemos bastante, Chris me saca una cabeza de altura y es dos veces yo de ancho; pero no porque esté gordo, sino porque si ya antes hacía ejercicio, desde la muerte de su esposa hace más de un año ha sido su vía de escape, así que ahora el tío tiene unos brazos como mis piernas de gruesos. Me encanta que me abrace con esa fuerza que casi parece que vaya a partirme en dos, y que me envuelva esa mezcla de aroma a café recién molido y champú. Rodeo su cintura con los brazos, perdiéndome unos segundos en su gesto.
—Lo vas a hacer muy bien, enana —susurra, antes de besar mi sien y soltarme—. Y ahora vete, que si no te da un patatús aquí mismo.
—¡Adiós, tita!
Tras despedirme de los dos con la mano, decido bajar las escaleras corriendo porque el ascensor me parece muy lento. Sé que no lo es, pero los nervios me pueden. Al menos vivo en el tercero y no en el séptimo, así que no tardo mucho en llegar al portal.
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Quédate conmigo 1. Amores pasados
RomansLa vida de Mimi nunca ha sido apasionante, pero todo cambia cuando decide mudarse de Nueva York a Los Ángeles para estar al lado de su hermano. Tras conseguir un empleo en la prestigiosa y conocidísima multinacional Laksmí, Mimi se reencontrará con...
