Capítulo 1

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Sentada en una silla de madera. En el instituto fuera del horario escolar. Observando cada movimiento de las personas que formaban parte del club al que me había apuntado.

Una chica rara. Un antisocial. Dos antisociales. Cinco antisociales. Un chico raro. En general, todos eran antisociales y personas raras. Gente con los que nunca me hubiese hablado. No entendía como había podido apuntarme a un club. Muchas veces, la desesperación te hace hacer cosas que jamás pensaste hacer y esa era una de ellas.

Notaba como todos ellos me miraban. Suponía que ninguno de ellos se podía creer que una chica como yo, que se paseaba por los pasillos rodeada de amigas y agarrada del brazo del chico más guapo del instituto estuviera en un club de desesperados, con ellos.

—Hola a todos—una chica, también antisocial, se acababa de posicionar en el centro del círculo formado por sillas. Tenía el cabello castaño y las puntas teñidas de un color rosado. Noté como se puso nerviosa solo con mirarme de reojo—. Supongo que el propio nombre del club indica porqué estáis aquí. Y os preguntareis, ¿una asociación de marginados sociales?—todos se rieron. Yo no era una marginada social—Bien, este club ha sido creado para asignar a cada uno de vosotros un amigo. Una persona con la que tendréis que cumplir una lista de diez retos. No os diremos cuales son hasta que no sepáis que pareja os ha tocado al azar. Y os aseguro que, después de cumplir cada uno de los puntos de la lista, os convertiréis en mejores amigos.

Después de hacer esa corta pero intensa intervención, la chica me miró. No entendía el porqué me estaba mirando de esa manera hasta que me dijo que me pusiera en el centro y me presentara.

—No—dije acomodándome en mi asiento—creo que ha sido un error apuntarme.

—Claro que no, sal aquí delante y explícanos porqué estás aquí. Nadie te juzgará.

La chica parecía sincera, pero no podía controlar a cada una de las personas que se encontraban en el círculo. Sería juzgada por las personas más antisociales del instituto, pero en ese momento me dio igual y le cambié el sitio a la chica.

—Bueno, me llamo Maya Roldan—por primera vez en mi vida, me costaba hablar en público—y supongo que muchos os preguntareis que hago yo aquí—nadie respondió, estaban esperando a que lo explicara. No ponían muecas ni nada por el estilo, simplemente me escuchaban—. Siempre pensé que tenía la vida perfecta, una vida con la que podía presumir. Pero muchas veces nada es lo que parece y eso es lo que me pasó. Y básicamente, eso es todo. Una chica que lo tenía todo y ahora no tiene nada.

Sentí como el silencio inundó el lugar. Nadie comentó nada y en ese momento lo preferí. Me volví a sentar en la única silla vacía que había en el lugar con la mirada de todos puesta en mi.

—Gracias Maya—el silencio era el protagonista en ese momento—ahora es tu turno.

Señaló a un chico que ocultaba su cabeza en la capucha de su sudadera. Era un chico que no llamaba mucho la atención, alguna vez lo había visto solo. Se ocultaba en las sombras para no tener que hablar con la gente. El muchacho levantó su mirada dejando ver unos ojos verdes bastante bonitos. Finalmente decidió hacer caso a la chica de cabello teñido cuyo nombre nadie sabía, bueno, yo no sabía.

—Me llamo Dorian Morris y supongo que no todos os preguntareis que hago aquí—alcé la vista y me estaba mirando. Había iniciado como lo había hecho yo, sentí como si sus palabras fueran una simple burla hacia mi persona—. Yo nunca he tenido una vida perfecta como la compañera. Tampoco he sabido lo que es tener amigos. Supongo que hay gente aquí que sí que sabe como es esa sensación.

No sabía el porqué pero me ardía la sangre.

—¿Podrías centrarte en tu maldita vida y dejar la de los demás en paz?—me ignoró por completo y siguió su discurso.

—Y básicamente eso. Un chico que no tenía nada y ahora tiene menos.

Me callé, no estaba dispuesta discutir con él, no merecía la pena. Estaba claro que su discurso era para hacerme sentir mal. No sabía el porqué pero lo había conseguido. Sus palabras habían salido de su boca como cuchillos que se clavaban en mi piel, como puñaladas. Quería demostrar que mis problemas eran una auténtica mierda comparados con los suyos.

Dorian se sentó de nuevo en su silla mientras me miraba con una sonrisa. Estaba demasiado cabreada con él. Intentaba ignorarlo mientras los demás se posicionaban en el centro del círculo y se presentaban. La mayoría de ellos decían que no tenían amigos y por eso mismo se habían apuntado.

Llegué a preguntarme si realmente yo estaba ahí por la misma razón.

—Ha llegado el momento de dejar en manos del destino y el azar cual será vuestra pareja, la que en un futuro se convertirá en vuestro mejor amigo—la chica agarraba un pequeño saco—. Maya, ya que has sido la primera en presentarte, serás la primera en tener pareja.

Me levanté con desgana. Realmente la idea no estaba mal, pero no quería que un marginado social se paseara a mi lado por los pasillos del instituto. No estaba dispuesta a asumir ese riesgo. Pero si aquello me parecía una auténtica desgracia, me equivocaba. Habían cosas que podían superar mis expectativas y leer el papel que salió del saco fue una de esas.

"Dorian Morris"

Estaban locos si pensaban que él y yo seríamos amigos. No estaba tan desesperada, ni mucho menos.

—Lo siento pero no pienso ser amiga de él—dije señalándolo. Sentí como él ni se inmutó. Era como si desde un principio hubiese sabido que nos tocaría juntos y por eso mismo me había hecho enfadar.

—Así lo ha querido el destino, deberéis aprender a volar juntos—¿Volar? ¿Esa chica había salido de una telenovela o la que estaba loca era yo?

—Es que es imposible que un chico como él y una chica como yo seamos amigos—hubo silencio—completamente imposible.

La chica hizo levantarse a otro muchacho. Me estaba ignorando. Estaba claro que lo que quería era hacerme callar. Me senté con el papel en la mano. Él tenía una sonrisa en el rostro, se estaba riendo de mí. No podía llegar a entender cómo podía estar feliz si le había tocado conmigo cuando hacia menos de una hora se había estado reído de mí y de mis problemas.

—Espero que todos estéis felices con vuestras parejas—dijo la mujer. Sí, estaba súper feliz de mi pareja—. Y sabéis, nos veremos el mes que viene y comentaremos cuantos puntos de la lista hemos cumplido. Estoy segura que todos os llevareis de maravilla.

E aquí, mi maldito infierno. Yo misma había cavado mi propia tumba. 

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⏰ Última actualización: Mar 28, 2020 ⏰

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