Capítulo 3

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El horripilante frió del bosque hacia que la rubia se abrazara asimisma mientras frotaba sus brazos con sus manos.

— ¿¡Me pueden decir qué diablos vine a hacer yo aquí!?

— Se supone que a cargar leña Chloé— la castaña se inclinó para recoger un leño que había vuelto a caer—igual que todos los demás.

—¡Guiiiiiuu!¡ni loca recogería esas cosas llenas de polvo y bichos raros!

—Vamos Chloé, no seas así. Tenemos mucho que cargar, asi que por lo menos ayuda en algo—embozó Kim.

Chloé fulminó al chico con una mirada que lo enterraría hasta el centro de la Tierra tan solo estuvieran solos.

—¡Aggh! ¿Saben qué? Mejor comienzo a adelantar, en total, no les hace falta mucho—se giró sobre sus talones para empezar el trayecto.

—Oye, ¡Chloé!...

—Nos vemos al rato.

Kim intentó ir tras su novia pero los pedazos de madera que sostenían sus brazos se lo impidieron.

—No te preocupes viejo. Tendrás tiempo para hablar con ella. — El moreno posó su mano libre en la espalda del esculpido chico, en forma de consuelo.

Los pensamientos de la rubia se encontraban ausentes mientras ella caminaba con la mirada puesta en la tierra y las ramas que pisaba, lo sabía por sus sonidos, pues no lograba verlas del todo.

Chloé se detuvo de golpe. Había escuchado unas ramas romperse, pero el sonido no había sido producido por sus pies.

Alguien estaba detrás de ella.

— ¿Kim? ¿Eres tú?

Caminó hacia el árbol  situado detrás de ella.

—Kim, esto no es gracioso.

La rubia tomó valor. Pensó unos segundos si el ver detrás del árbol sería buena idea o sería una mala decisión.

Su sorpresa fue ver que no había nada detrás del árbol. Poso su mano en la corteza de este y la otra en su pecho mientras suspiraba.

Quiso retomar su camino, pero un pavoroso dolor en su estomago se lo impidió. Bajo la mirada y se encontró con una clase de cuchillo en su estómago.

—Cada vez es más fácil hacer esto.

Chloé levanto la mirada para saber de dónde provenía esa desconocida voz.

— Será mejor que duermas, hermosa.

El sujeto noqueó a la rubia golpeando su cabeza contra el árbol en el que se sujetaba.

Los ojos de Chloé se cerraron, el dolor se desvaneció y todo se volvió oscuro. El único testigo de lo ocurrido sería ese árbol grande y frondoso.

...........

El frío gobernaba en la estancia pero eso no era impedimento para la joven pareja.

— ¡Adrien no! ¡Noo! ¡basta! — la azabache estaba consumida en risas, mientras que las manos de Adrien se movían con rapidez en la cintura y el estomago de Marinette.

—Dí quien es el más amoroso en esta relación y te dejo en paz.

— ¡Pu-pues obvio que yo!¡ ja, ja, ja! ¡Adrien!.

— Lo siento, respuesta equivocada.

— ¡Adrien me haré del baño aquí! — intentó librarse de las manos del rubio pero este fue más astuto al tomar ambas manos con la derecha y seguir provocando cosquillas con la izquierda.

At Your Back (AU MLB)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora