Corrí lo más silencioso que pude al mostrador, lo rodeé y me acerqué a mi hermano, quien se encuentra sentado en el suelo con la espalda contra la pared.
Mi pecho se comprimió al ver el estado en el que se encuentra, intentando respirar sin su inhalador.
Sacudí el pequeño aparato en mi mano y acerqué la boquilla a sus labios.
Él hizo un gran esfuerzo con su mano en sostener el inhalador, dio varios respiros al aparato para luego alejarlo, tomó pequeñas bocanadas de aire mientras su respiración empieza a normalizarse lentamente.
El sentimiento fue más grande que yo y lo abracé.
El miedo que sentí hace un rato al ver como se le complicaba respirar empezó a desaparecer, sin embargo, la imagen de él esforzándose por respirar torturó mi mente de la peor forma posible.
Sentí como él palmeó mi espalda en un intento por calmarme al mismo tiempo en que sigue estabilizando su respiración, acaricié su cabello oscuro para luego apoyar mi barbilla en la cima de su cabeza.
-Gracias -susurró débilmente mi hermano provocando que un nudo se instale en mi garganta.
Es un chico algo rebelde y tosco, escuchar como sus labios pronuncian esa simple palabra es extraño. Eso no significa que sea un malagradecido, pero... no es algo muy común en su vocabulario.
-No tienes que agradecer nada -murmuré.
Nos quedamos en silencio por algunos segundos más, luego lo alejé de mí y lo ayudé a ponerse de pie.
Me sonrió sin esfuerzos provocando que yo le devuelva la sonrisa de forma floja, revolví su cabello negro mientras sus ojos azules siguen fijos en mí, pero con un pequeño brillo de diversión.
Ja... éste ha de estar pensando en algo nuevo con que molestarme muy seguramente.
-¿Miedito?
-Para nada -Me encogí de hombros para fingir que me da igual, lo que provocó que su típica sonrisa burlona aparezca-. Al contrario, el que casi se caga en los pantalones fuiste tú.
-¡Ja! Eso quisieras.
Él siguió sonriendo con burla, burlándose de mí y burlándose de él mismo.
De cierta manera, es bueno saber que le ve el lado positivo a todo, aunque no entiendo que tiene de positivo sufrir ataques de asma. Supongo que son sus traumas, sus chistes.
En ese momento algo se cayó al suelo, tanto Dylan como yo volteamos a ver al mismo tiempo descubriendo que fue una botella que se cayó al suelo, pero por culpa de una pequeña castaña observándonos con miedo y con muchas ganas de llorar.
Nuestra pequeña hermana empezó a jugar con sus dedos de forma nerviosa mientras agacha la mirada, apretó sus labios y noté como las lágrimas resbalaron por sus cachetes gorditos.
-Ay, carajo -susurró Dylan rascando su nuca.
-Princesa, no llores -murmuré acercándome a ella, puse una rodilla sobre el suelo para poder quedar a su altura-. No sucedió nada malo, tranquila.
Coloqué unos cuantos rulos castaños detrás de sus orejas y, de forma suave y delicada, limpié sus lágrimas con mis pulgares. La pequeña de ocho años alzó la mirada, me quedó viendo de forma insegura para luego desviar su mirada verde grisácea hacia el adolescente de catorce años.
-Otra vez dejó de respirar -susurró agachando la mirada de nuevo.
-Dylan está bien -susurré acariciando su mejilla-. Tranquila que no pasó nada grave.
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Amenaza Desconocida
FantasíaÉl estaba bien, según sus ideas, hasta que su enemigo secuestró a su hermano menor y ahora tiene que buscar la forma de salvarlo pero sin descuidar a su hermanita de ocho años en medio de la Tercera Guerra Mundial. Ella solamente buscaba la forma de...
