Capítulo Seis

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El repetitivo sonido del helicóptero con doble hélice habría destrozado los tímpanos del Joker de no ser por los protectores.
Se encontraba yendo a un terreno previamente revisado por sus sirvientes. Quería tener una casa más y el lugar parecía ser perfecto.
No tardó mucho más en aterrizar. Se acomodó el traje y bajó de un salto, siendo recibido por un regordete hombre de baja estatura. Un pequeño bigote yacía sobre su labio, se veía como un adolescente que aún no sabía afeitarse. Transpiraba demasiado y sus anteojos se resbalaban por el puente de su nariz de manera lenta y desesperante.

Asqueroso, pensó Min.

-...por lo tanto debería recibir su confirmación hoy.
-Bla, bla, bla. -No había escuchado nada de lo que había dicho, no le interesaba- ¿Dónde está el contrato?
-Oh, está aquí -tartamudeó mientras abría su maletín negro. Tardó unos segundos en poder abrirlo ya que sus dedos estaban sudorosos y debía poner la clave.
-¿Puedes apresurarte? -El repentino tono de voz del peliverde hizo al tipo saltar en su lugar y sacar el contrato rápidamente. Se lo ofreció con delicadeza -delicadamente tembloroso- y le entregó un bolígrafo.

Comenzó a leer en voz baja mientras mordisqueaba sus labios, bastante concentrado... no entendió una mierda.

-JiMoon, léelo por mí. -Ordenó y su sirviente lo tomó. A diferencia del tembloroso muchacho frente a ellos, este tomó y leyó el contrato con agilidad.

Min observó el terreno. Era bastante grande. Hectáreas de césped, árboles y vegetación. No era estúpido, sabía que arruinar tal vista con edificios sería un desperdicio, era por eso que ordenaría hacer una cabaña entre todo el lugar.

Suspiró. Si a los diez años le hubieran dicho que acabaría comprando docenas de casas por todo el mundo, él se les habría reído en la cara.
Nunca tuvo dinero de joven. Vivía con su padre -aunque parecía nunca estar ahí- y su hermano. Ambos debían trabajar arduamente para comer y pagar el alquiler.
Su dinero se dividía en alcohol para su padre, un plato de comida -si, sólo uno al día, este debía ser dividido entre los tres-, deudas y el departamento.
Estaba harto de todo eso, no importaba su padre pero ¿su hermano? No podía siquiera imaginarlo sufriendo. Debía luchar por él, quedarse hasta que consiguiera algo mejor.
Siempre jugó limpiamente y se ganó su dinero de manera honesta. Claro que dejó de hacerlo cuando...

-Señor J, todo está bien. Leí hasta la letra pequeña. -Dió un salto al escucharlo y volvió a verlo asintiendo. Tomó nuevamente el bolígrafo que había guardado en su bolsillo y firmó sin siquiera dudarlo.

Tim, el asustado chico, tomó nuevamente el contrato y se aseguró de que las firmas estuvieran en los lugares correctos. YoonGi se apartó y tomó su teléfono. Observó la foto de JiMin en la pantalla, este lucía sus nuevos aretes -los cuáles tuvo que ponerse por obligación- y una brillante sonrisa. Buscó entre sus contactos y le llamó sonriente, como nunca.

"¡Hola, perra! Soy Harley, si no eres mi Puddin, puedes irte a la..."

El contestador había salido, Min gruñó. Volvió a marcar una y otra vez. Seguía sin responder.

-¿Dónde demonios estás? -Murmuró entre dientes, tecleando frenéticamente para dejar varios mensajes.

›¿Dónde estás? 4:32 PM
›Contesta el puto móvil. 4:45 PM
›Estás en problemas. 5:00 PM

-¡Ah, puta madre! -Harley gritó por décima octava vez, apretando su puño con tanta fuerza que las uñas en sus palmas dejaban rastros morados.
-JiMin, debes calmarte. El señor se enfadará si te ve así, así que, si quieres ocultarlo, debes ser paciente. -La empleada hablaba en un tono calmo mientras limpiaba el brazo herido. La bala había sido retirada, pero el dolor seguía latente como el infierno.
-¡Ya lo sé! -Soltó un suspiro, buscando calmar su respiración- Lo sé, lo siento.

Be Mine, Harley (Yoonmin) [+18]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora