I'm not going anywhere.

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Despierto bajo un techo que me cuesta reconocer, entre unas sábanas ajenas y una presencia a mi lado a la que no estoy acostumbrada. Al moverme, noto la tela rozar mi piel desnuda, erizando mi vello completamente. Es en ese momento, cuando me asaltan bruscamente los recuerdos de la noche anterior.

El local estaba abarrotado de la presión de los cuerpos danzando con la música y el calor asfixiante que los acompaña, típicos de sitios así. Inmersa en ese ambiente, por un instante me pareció reconocer un destello rubio, no muy lejos. Intenté fijarme más, pero el mar de cuerpos lo impedía. Decidí alejarme de la multitud y subir a la segunda planta, para conseguir una mejor vista.

Ahí estaba. La reconocería en cualquier parte. No pude evitar recorrerla con la mirada, descubriendo que no había cambiado nada durante mi ausencia. Quizá se sintió observada, o quizá fuera casualidad, pero elevó la suya. Yo me aparté instintivamente. Decidida a marcharme, bajé de nuevo la escalera y, en el último peldaño, se encontraba ella con su mirada clavada en mí.

Me incorporo de la manera más silenciosa y lenta posible, sentándome en el borde de la cama y dejando su figura dormida a mi espalda. Contemplo mi alrededor: la casa sigue igual que cuando me fui, a excepción de que ahora cuenta con más libros y un saco de boxeo apoyado en un rincón.

Recuerdo que me sacó del local sin soltarme la mano, y no lo hizo hasta que, tras recorrer durante un rato en silencio las calles vacías, decidió detenerse. En ese momento, cerró los puños hasta que sus nudillos, blancos, señalaban que estaba conteniendo la rabia.

- Te marchaste sin decir nada. Te fuiste. Me dejaste sola. No eres consciente de lo mal que lo he pasado.- Las lágrimas comenzaban a inundar sus ojos - Juré que no te perdonaría nunca, pero al verte esta noche, has derrumbado todos mis muros y, si eso ha sido posible, es porque nunca he dejado de amarte.

Sujeté su rostro entre mis manos y la besé, como si este último año no hubiera existido, tratando de transmitirle lo mucho que la necesitaba y había echado de menos.

Noto una mano que me examina el cabello con cierta ternura, ahora hasta la altura de mis hombros, mientras ella en su totalidad se trasladaba hasta mi espalda para terminar de analizarlo.

- Te cortaste el pelo.- Me dice, concluyendo su observación.

- Tú te lo dejaste largo- y, señalando el mío - ¿no te gusta?

- Me encanta.

Me abraza por detrás, depositando un ligero beso en mi cuello. Su agarre se vuelve más intenso a la vez que apoya la cara en mi espalda. Sé lo que está pensando. Con suavidad, suelto sus manos para poder abrazarla firmemente de frente y, con la voz entrecortada por las lágrimas, consigo susurrar las palabras del título de una de sus canciones favoritas:

- I'm not going anywhere*.



* No voy a ir a ninguna parte.

I'm Not Going Anywhere.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora