"Vivirás" es una novela realista publicada por VRYA, tercera y última del universo de "Brillarás", aunque se puede leer también como libro independiente. Está disponible en casi todos los países de Latinoamérica. ¡Que la disfruten! ❤️
Tras brillar y...
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La primera mañana de clases fue tranquila. Éramos veinte en el aula. Nos presentamos y contamos experiencias sobre estudios bíblicos que habíamos hecho antes del seminario. Al finalizar nos asignaron una tarea para la clase siguiente: hacer una lista de las épocas y los lugares que aparecían en el Antiguo Testamento.
Durante la hora del almuerzo se respetaron los lugares del día anterior. Por el momento ese sería mi sitio, hasta que los lazos de amistad se fueran rearmando y la gente empezara a intercambiar asientos.
A las dos recogí mis útiles y me dirigí a otra aula. Puse un pie adentro mirando los horarios. ¿A qué hora podía hacer la tarea? Si me duchaba a las seis, quizás...
La distracción me hizo tropezar con alguien. Una mano fuerte y segura me sujetó del codo. Cuando alcé la cabeza con el pelo delante de la cara e intenté ver a través de mis pequeños rizos castaños, me pareció distinguir a Ben. Me aparté el cabello con rapidez: sí, era él. Y sonreía delante de mí.
—¿Estás bien? —preguntó. Al parecer, mi destino era tropezar con él y que él terminara sosteniéndome. Mi imaginación se disparó, haciendo que me sonrojara. Era un buen inicio para una historia de amor.
—Sí —contesté, mucho más segura que a mis trece años.
Tal como había afirmado a mis amigas, Ben ya no se reía de mí. De hecho parecía bastante interesado.
—Soy Ben.
—Glenn.
—¿Nos conocemos?
Reí, bajando la cabeza. Me había puesto nerviosa, y así, parecía más ingenua de lo que era.
—Sí.
—¡Vaya! Me resultas familiar, pero no te recuerdo. ¿De dónde nos conocemos, exactamente?
—Nos conocimos en un campamento cuando teníamos trece años. Quedamos conectados a través de Instagram; todavía te sigo.
Estaba boquiabierto. Yo quise que me tragara la tierra: solo había un modo de que me acordara tanto de él cuando él ni siquiera reparaba en mí. Había dejado claro que me atraía.
—Estoy asombrado —dijo—. ¿Tomas esta clase?
—Sí.
—Lo siento, sigo en tu camino. Pasa —se movió, y yo avancé haciendo un gesto de agradecimiento con la cabeza.
Nos sentábamos en pupitres individuales, pero quedamos uno junto al otro. Él había buscado sentarse junto a mí.
—¿Recuerdas de dónde soy? —indagó. No podía creer que tuviera ganas de conversar conmigo.
—Eres de Nueva Jersey.
Otra vez me había delatado. Creería que yo era una stalker.
Soltó una carcajada y puso un brazo en el respaldo de mi silla. Mi corazón empezó a galopar, emocionado.