Capitulo I: Rosas blancas y rojas

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Año 2011

-Ya puedes abrir los ojos- Dijo papá mientras se reía orgullosamente.

Abrí mis ojos después de unos diez minutos de tenerlos cerrados desde el colegio hasta dónde sea que me quería llevar, y entonces lo vi frente a mi.

-Wow- Dije asombrada, comencé a reír al entender que todo lo que quería que viera era un carro nuevo estacionado al frente de nuestra casa. -Así que lo lograste papá- continué.

-Sí, así es- respondió con una sonrisa mientras miraba el carro que había soñado tener desde que tengo uso de razón.

Me quedé observándolo por un rato, quería apreciar el momento, quería verlo un poco más, yo sólo quería verlo un poco más. Sus ojos se iluminaban por un carro, ¿Por qué?, ¿Por qué algo tan simple para mi podía ser tan importante para ti?...

-Papi- Dije casi susurrando mientras sostenía su mano.
-Dime
-¿Podemos ir a algún lugar?
-Pensé que nunca lo pedirías- Dijo mirándome con felicidad reflejada en cada uno de los extremos de su rostro -vamos por tu mamá- añadió.

-

Recogimos a mamá al trabajo; ella se veía extrañamente feliz cuando vio a papá en la recepción esperando a que saliera.

Ya estando en el carro, sentía una paz innegable al ver a esos dos seres hablando, sinceramente no tenía idea de lo que hablaban, pero me sentía tranquila, o eso pensaba, pues realmente sólo sentía demasiada debilidad.

-¿Mamá?- Dije mientras mis ojos perdían lentamente la capacidad de mantenerse abiertos.

-

-Lina...- Escuché de alguien a una larga distancia de mi.

-¿Esa era la voz de mi mamá?- pensé

-Esto es culpa tuya- añadía esa voz, hasta que simplemente, abrí los ojos.

-¿Mamá?- Dije mientras abría mis ojos sensibles a la luz de la ventana del hospital.

-Mimi, estás bien, gracias a Dios- Dijo aliviada mi mamá mientras me abrazaba con fuerza, pero estaba temblando demasiado, como si su cuerpo hubiera sido poseído por un frío tremendo.

Tan pronto como pude tener uso de razón, escuché a alguien golpeando la puerta mientras decía que lo dejarán entrar; ¿No era ese mi papá?

31 de diciembre del 2019

-Así que aquí has estado- Dijo mi padrastro mientras me pasaba una cerveza al sentarse al lado mío en el sofá de la casa de mi hermanastra Nataly.

-Los menores de edad no pueden tomar- Dije mientras miraba mi celular para ignorarlo.

-No me vengas con eso ahora Lina, sabes muy bien que has bebido más que yo en el año.

-¿Quieres apostar?- Dije con un toque de superioridad. Él me miró con una ceja levantada hasta que de mala gana tomé la lata de cerveza y bebí un trago de ella.

-¿No vas a preguntar por qué estoy aquí?

-Son tus asuntos, así que tranquila, no me entrometeré...- Dijo haciendo una pausa para mirarme -... Ni tampoco le diré a nadie- continuó con calma.

-¿Cómo han estado las cosas con mamá?- Pregunté mirando hacia otro lado mientras jugueteaba con la lata sin terminar de cerveza.

-No ha querido hablarme desde que no asistí a su cumpleaños- Dijo mientras tomaba otra cerveza de la mesa de al frente.

-Al parecer esas cosas son importantes para algunas personas ¿Sabes?, pero no pensé que a ella le fuera a afectar tanto- continuó para tomar un trago.

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