Desde pequeño fue criado por una familia normal, formado por una Omega y un Alfa, él llegaba a creer que de grande tendría una familia tan buena como la suya.
Hasta que conoció a krist Perawat, un buen general al mando de los guardias de su manada...
- Tienes que ir con tus padres Sing, no puedes quedarte aquí ni ir conmigo, yo tengo que vigilar las cosas y comenzar el entrenamiento de los demás Alfas.
Un krist de veintitrés años susurro al pequeño Singto mientras se colocaba de cunclillas, tal parecía que lo seguía a todos lados, y no era que le molestara, pero tenia miedo que algo le pudiera llegar a pasar, desde que había nacido así era, había pasado el tiempo y si no era krist quién lo tenía en brazos lloraba, cuando comenzó a gatear en todo momento lo buscaba con desespero, lo mismo fue cuando comenzó a caminar, gracias a eso un día había tropezado y lastimó un poco su mejilla, dando por resultado una pequeña cicatriz.
También como olvidar que su primer palabra había sido el nombre mal nombrado del castaño, sus padres claramente no se perdían eso, ese día había recibido la mirada de ambos mayores, lo cual lo hizo sentirse muy apenado.
Todo a su alrededor simplemente era con Singto, era como el centro de atención del más pequeño, su más grande prioridad, incluso sus padres habían pensado que sería ideal alejar un poco a Singto de krist, ya que este último había comenzado con sus tareas como futuro líder.
- Pero ...yo quiero estar con P'krist...
El pequeño había susurrado tan bajo y delicado como solía hacerlo, dejando cautivado una ves más a krist con ese sutil tono de voz. No tenía duda. Singto sería el más bonito y delicado de todos los Omegas que conocía, sus facciones todavía seguían tan delicadas en su rostro, cada día que pasaba se pintaba una nueva mas hermosa que la otra, tenía todo el estereotipo de Omega perfecto, claro que el pequeño aún tenía tan solo seis años de edad, y todavía no sabía con exactitud cuál sería su posición en la sociedad. Pero todos estaban seguros que sería un precioso Omega.
- Corazón...sabes perfectamente que no puedes ir conmigo...ese lugar es muy peligroso para un niño.
Y la carita que en ese momento puso Singto, fue la perdición para su conciencia, tenía varios trabajos claro estába, pero para él primero estaba su pequeño niño. Tomo su pequeña mano y comenzó a caminar con él, otro día más donde se ausentara del trabajo, no lo dañaría, ¿No?
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