Sus pasos sonaban apresurados, adentrándose en la oficina de su hermano, y se detuvo a mitad de camino cuando sintió que se encontraba en medio de un deja vu. Había estado en esta situación muchas veces, pero esta vez era distinto; él ya no se quedaba hasta tarde en su oficina, ya no luchaba contra el fantasma de Zander, y ya no lucía como un ermitaño.
Vaya milagro.
— ¿son novios? —inquirió, sin siquiera saludarlo. Consternado y dolido, lo miró con rayos láser atravesando su cuerpo. Ezio levantó la cabeza confundido, necesitando un poco de detalles en la trama—. Aria y tu, ¿están saliendo? —preguntó acercándose, posando sus manos en su escritorio. Liam se veía molesto, y Ezio, por un instante, tuvo la noción que esto había sucedido en algún punto de su vida como Zander.
— Queremos tomarnos esto lento, aún no tuvimos una primera cita y además... ¿por qué debo contarte mi vida sentimental? —preguntó ofendido. Liam puso los ojos en blanco, señalandolo con su dedo acusador.
— Primero, soy tu hermano. Segundo, soy tu mejor amigo. Tercero, soy el principal soporte de esta relación. ¿por qué me debo enterar por Laurent que vas a tener una cita? ¿por qué no me preguntas a mí recomendaciones? —preguntó con tono infantil, haciendo un mohín con sus labios, viéndose realmente dolido porque su hermano no le dijo primero.
Ezio respiró hondo, estirándose sobre su asiento con paciencia y resignación. Liam era dramático y demasiado entusiasta por algunas cosas, y ese era el motivo exacto por el que no se lo había dicho. Decírselo a Liam era prácticamente ir de 20 a 120 km por hora.
— Liam, si te lo decía era darle demasiada importancia a esto. Y si, es importante pero quiero tomarlo con calma, no asustarme por dar un paso demasiado grande —confesó, haciendo que Liam entendiera un poco más.
Cerrando su boca y liberándose del enojo, Liam se sentó frente a Ezio, evaluando su expresión y la sinceridad de sus palabras. Se daba cuenta que en el pasado, se hubiese enojado por otras causas, mientras que ahora, lo único que quería era la felicidad de los demás.
— Pensé que no querías decírmelo por alguna otra causa —le dijo, rascando su cabeza con inquietud, y mirando a su hermano con una disculpa—. Ustedes dos son mis amigos y ante todo, siempre voy a querer la verdad. Puede ser que a veces me sumerjo demasiado en lo que respecta al pasado, pero también estoy aprendiendo a tomar las cosas con más cuidado —admitió.
— Sabes de mí más que cualquier otra persona, es imposible que no te diga algo porque tarde o temprano acudo a ti —confesó Ezio, haciendo que Liam se vea orgulloso.
— Realmente hemos crecido hermano, ¿quién diría que estaríamos teniendo esta emotiva conversación? —rió divertido.
— Mamá se burlaría de nosotros si se entera, así que no le digas nada —comentó Ezio uniéndose a las risas de Liam—. ¿y tú? ¿sigues pensando en una forma de remediar nuestro destino? —inquirió con curiosidad.
— Creo que encontré la respuesta, y quiero pensar que vamos por buen camino —suspiró satisfecho—. Solo el tiempo nos dirá si es así —agregó, notando cómo su hermano lucía un tanto desorientado.
— ¿Entonces dices que no hay nada que podamos hacer más que ser nosotros mismos? —preguntó. Liam sonrió, al ver la confusión de él. Para Ezio le resultaba poco creíble que sra fuese la solución, pero Liam estaba convencido que esa era la respuesta. Los dioses eran crueles y maliciosos, jugaban con los humanos como marionetas, y no había nada que les gustara más que la poética ironía de maldecirte por tus errores y liberarte con el aprendizaje.
Los tres habían luchado contra ellos por años, cuando la solución estaba en su misma maldición.
— Deja el orgullo de lado, sé feliz y honesto contigo y los demás —canturreó Liam—. Dejaré de celar lo ajeno y me centraré en encontrar mi propia felicidad sin basarme en el resto —se encogió de hombros, resignado y abrazado a la idea de no pensar en el resto más que en él.
— ¿Lo lograremos? —Liam pudo oír el filo del miedo en Ezio, un miedo que él quería quitarle.
— Por supuesto que sí, después de todo, fuimos Nico y Zander, dos héroes que pudieron contra todo —sentenció, haciendo que Ezio se sintiera un poco más confiado.
La conversación entre ambos no duró mucho más, de la misma forma en que Liam ingresó a la oficina, se fue con un alegre saludo, asegurando que pronto se verían nuevamente.
Había una sonrisa en su rostro cuando dejó el edificio para ir hacia su auto. Su humor era burbujeante y estaba seguro que nada podía ponerlo de mal humor. Una vez cerró la puerta del auto suspiró, oyendo como a su lado se acomodaban para mirarlo con desdén.
— Luces como si acabaras de matar a alguien después de odiarlo por muchos años —murmuró Laurent, mirándolo de arriba hacia abajo. Su ceja elevada con sorna y una media sonrisa en sus labios.
Liam puso los ojos en blanco, volteandose hacia él. No había nada que lo sacara de su zona de confort como él, una constante en su vida que con el tiempo se dio cuenta que necesitaba con gran importancia. Cuando Ezio se peleó con su padre, en la primera persona que pensó era en Aria, algo que Liam no dudó que pasara. Pero cuando él se peleó con su padre, quiso patear y gritar, la única persona que pudo devolverlo a la tierra era Laurent.
— Vete a la mierda —se quejó, sin quitar la sonrisa de su cara.
— Luego de ti —respondió con provocación, cruzándose de brazos—. ¿Qué pasó allá? —inquirió curioso.
— Confesó que va a tener una cita con Aria, que quiere tomárselo con calma, y que decirmelo a mi era demasiado importante, así que por eso te lo dijo a ti —respondió, viendo la incredulidad y la arrogancia en Laurent incrementar.
— Estoy seguro que esa no fue su respuesta —comentó, y Liam negó.
— Para tu sorpresa lo es, no lo arruine —se quejó.
— Tu solo estás celoso porque él me dice cosas a mi y no a tí, deja de ser tan inmaduro —exclamó Laurent sin perder el humor.
— Por favor, como si tu no estuvieses feliz de saber cosas que otros no —dijo, juzgandolo.
— No sé de qué hablas —susurró mirando hacia otro lado.
La risa de Liam resonó en el auto. No solo Laurent sabía de la relación de Aria y Ezio antes que nadie, también había aprendido sobre Megan, Nico y Zander más allá de su incredulidad inicial, conocía las vidas que quedaron atrás y cómo intentaban remediarlo. Él conocía sobre sus tiempos oscuros y tiempo de claridad, sobre sus miedos y fortalezas, sus luchas, sueños y pesadillas. Estaba seguro de que Laurent conocía más de él, que él mismo.
— Laurent —lo llamó reclamando su atención. Laurent asintió, mirándolo curioso—. Gracias por estar siempre conmigo, aún cuando era un idiota —confesó.
Ruborizándose, Laurent sonrió y sin decir nada se acercó hacia él, reclamando sus labios como si fuese una fuente de vida. Liam cayó en su encanto y cedió a cualquier tipo de control, dejándose llevar rápidamente por sus besos y las caricias.
— Aún sigues siendo así a veces —susurró Laurent, rosando sus labios con los de él. Negado a abrir los ojos y a alejarse de él, Liam asintió, oyendo en su mente las palabras que tenía marcada a fuego.
<Debes mirar más cerca> le habían dicho, y ahí estaba la respuesta. Su destino siempre había estado frente a él pero nunca lo reconoció, y ahora quería hacer lo correcto que era ser feliz junto a Laurent.
— Si, lo sé —murmuró acercándose de nuevo para besarlo—. Me enoje con él porque me ocultó lo suyo con Aria, ¿cuanto crees que tarde en darse cuenta lo nuestro? —rió divertido, clavando sus dedos en la piel de su cintura.
— Ezio es malo dándose cuenta de todo, además ahora todo gira en torno a Aria, le doy dos meses —sentenció Laurent. Liam no podía evitar sentirse pleno.
— Supongo que ahora empiezan las apuestas... —suspiró, poniendo todo de sí para alejarse de él y poner en marcha el auto. —Entonces, ¿el cine? —inquirió en tono juguetón mirando a su novio, dándose cuenta que aunque algunas cosas se sentían que estaban terminando, muchas otras recién empezaban.
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No me olvides
Ficțiune generalăTres almas conectadas a través de los años, enlazados más allá de la vida y la muerte, tres almas gemelas que siempre buscarán reencontrarse.
