Capítulo 9

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Moscú, Rusia

Artur tomó fotos de los hombres de Stefano que ya estaban muertos y se las envió deseándole un felíz resto del día.  Bloqueó su celular  y caminó hasta el vehículo para ir a la mansión a castigar a Olivia.

Aunque llevaba la típica máscara de lobo, su furia se  podía cortar en el aire. Sus hombres no le dirigen la palabra, ni siquiera lo miran. 

Manda unos que otros mensajes y luego guarda su celular. Minutos después llega a la casa. Llama a Flor a todo pulmón quien sale aterrada de la cocina.

—Prepara todo para que le vayas a curar la espalda a la presa, en 10 minutos —se va escaleras abajo sin esperar respuesta.

—Si —es lo único que dice Flor en un hilo de voz.

Artur entra dando una patata a la puerta. Olivia se levanta de un salto y coloca sus manos detrás.  Él camina a zancadas y le pega una cachetada y luego la toma por el cabello.

—Andando —dice sacándola fuera de la habitación. Ninguno de los hombres dice una palabra, solo observan la escena.

—Me estás lastimando —chilla entre sollozos.

Camina, sube las escaleras hasta la habitación de castigo.

—Más doloroso será —dice abriendo una puerta. Hay una silla, una soga solgada del techo y una ventana que deja ver el jardín trasero bien cuidado.

Suelta su cabello, levanta sus manos y las ata con la soga del techo. Toma una tijera y rompe la playera, dejando su torso desnudo. Coge un látigo de una caja.

—No por favor —dice llorando.

El lobo no sé inmuta ante su súplica, da un latigazo, luego otro y otro. Los gritos de Olivia son desgarradores. Pero él no siente pena alguna. Vuelve a golpear su espalda ya ensangrentada. Tira de su cabello antes de hablarle al oído.

—Se que para lo próxima, lo pensarás —dice y se marcha dejándola colgada.

Olivia solloza, su espalda arde demasiado, necesita aire o quizás agua, aunque sabe que le va arder aún más.

Levanta la vista y ve el jardín, las flores no parecen ser reales de lo tan hermosas y cuidadas que se ven.

Flor entra y su boca se vuelve una O cuando ve la espalda de Olivia hecha un desastre.

—¡Dios! —dice acercándose para soltar sus manos.

Olivia suspira y masajea sus muñecas.  Sus ojos se humedecen y una lágrima se escapa.

—Voy a curarte —dice Flor. Tomando los utensilios que se trajo.  Olivia solo asiente y se acuesta en el piso con cuidado. Flor se acerca y empieza a limpiar las heridas.  Sus ojos se humedecen de solo ver las heridas. Olivia se queja y suelta una que otras maldiciones.

—¿Necesitas algo? —pregunta el zorro  asomándose por la puerta.

Olivia levanta la vista, y puede ver en los ojos de ese chico un brillo cuando mira a Flor. Al parecer siente algo por ella, pero lo tiene en silencio.

—Nada, es mejor que te vayas —lo apura haciendo ademán con las manos —Si el señor te ve aquí, te castigará —dice Flor viendo la espalda de Olivia.

El zorro abre la boca para decir algo, pero la cierra y se retira.

—¿Ustedes tienen una relación? —pregunta Olivia.

—Nada —se limita a contestar y se levanta después de poner la pomada sobre toda la espalda.

Flor se va sin esperar que Olivia le agradezca. Lo que menos quiere es ser castigada o que vuelvan a castigar a la chica. Ella sabe lo despiadado y salvaje que puede llegar a ser el lobo.  La última vez que la castigó, duró meses para que sus heridas sanaran y nadie pudo ayudarla a curarse.

El zorro observa a su mejor amigo quien está fumando y mirando por la ventana con la vista perdida en un punto fijo. Ríe en silencio al recordar lo cobarde que era cuando tenían 7 años. Si veía un perro, salía corriendo, si un niño lo molestaba empezaba a llorar o se iba a esconder detrás de su madre. Su padre lo adoraba y aunque no siempre estaba con él, lo sacaba a patinar, a correr bicicleta. Su padre a pesar de ser mujeriego, siempre fue atento con su madre. Cuando Artur tenía 12 años, su padre fue asesinado por Patricio. Y desde entonces Artur se volvió frío, despiadado, calculador y salvaje y juró por la salud de su madre, vengar el asesinato de su padre, aunque le tocara derramar mucha sangre.

—¿Te quedarás callado? —pregunta Artur aún de espalda.

—No sé que decirte —dice encogiéndose de hombros.

—No me extraña —dice con sorna.

El zorro se sienta en una de las sillas, suspira y echa su cabeza hacia atrás.

—Miguel habla —dice Artur dándose la vuelta.

—¿Qué piensas hacer con la chica? Queda claro que no quieres dinero —dice el zorro colocando la codos sobre sus piernas.

—Matarla, tal vez —basila buscando alguna otra opción en su cabeza.

—¿Qué? estás loco. Si no te conociera dijera que mientes, pero veo que si tienes decidido matarla —dice aterrado.

—No tengo otra opción. Hoy mismo la mato y le mando el cadáver a sus padres —dice dejando el cigarro en la papelera.

—Mejor pídeles 6 millones de dólares —dice el zorro.

—Lo que más tengo es dinero.

—Pues dile a Patricio que se cambie con su hija.

—¡No! No quiero eso —Grita dando un golpe en la mesa —. Quiero hacerlo sufrir y luego matarlo —dice más calmado.

Pasaron la tarde hablando y planeando como matarían a la chica, aunque Miguel no está de acuerdo, Artur no se saca la idea de la cabeza.

Artur ya ha cometido asesinatos sin piedad, no ha sentido remordimientos ni dolor. Dice que el dolor lo vivió a sus 12 años y solo volvería a sufrir cuando su madre muera. Espera morir él primero.

Olivia  aún siente dolor en todo se cuerpo, pero intentará recostarse para así descansar un poco.

Escucha un disparo y todos sus sentidos se ponen alerta.


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⏰ Última actualización: Nov 24, 2025 ⏰

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