EXTRA

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Tener una multinacional tan grande como la suya era demasiado estresante, el trabajo era cada vez más agotador

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Tener una multinacional tan grande como la suya era demasiado estresante, el trabajo era cada vez más agotador. Las personas únicamente veian la parte del dinero, y los lujos.

Pero solo él sabía lo mucho que tenía que trabajar para mantener lo que con tanto esfuerzo había conseguido.

Suspiró, mientras se acomodada mejor en su silla. Eran casi las cuatro de la tarde, faltaban solo un par de horas para que su rutina laboral se terminara, y su cabeza estaba a punto de reventar.

Todo valía la pena cuando llegaba a casa al final del día, era lo que se repetía cuando estaba malditamente estresado.

Su teléfono móvil sonó, tuvo que buscarlo rápidamente en medio de tantos papeles que se encontraban esparcidos en su escritorio.

-¿Si? - no había visto quién lo llamaba, demasiado concentrado en terminar de firmar aquel contrato.

-¡Te quiero en casa ahora mismo! - Reconoció la voz de inmediato, y frunció el entrecejo al escuchar lo molesto que se escuchaba.

-¿Izu, pasó algo? - dejó de lado su bolígrafo, centrando toda su atención en su alterado esposo al otro lado de la línea. -¿Estás bien? -

-Tenemos que hablar, los tres. Voy camino a casa, te veo allá. - Miró su reloj, era la hora exacta de pasar por su hijo al jardín de niños. - No tardes. -

Suspiró, mientras acomodaba los papeles en su escritorio, y tomaba su saco para salir de su oficina. -Voy en camino, Izu. ¿Podrías explicarme que sucedió? - hizo una seña a su secretaria, dándole a entender que se iría, y que cancelar todos los compromisos que tenía en las siguientes horas.

Escuchó el bufido al otro lado de la línea, y estaba seguro de que su esposo estaría pasando su mano por sus oscuros cabellos.

-Shisui se metió en problemas, alfa. - Gruñó. Tobirama entendió rápidamente la situación. Su esposo había de dejado de llamarlo así cuando se casaron, adoptando una serie de apodos cariñoso, o diminutivos de su nombre. Izuna solo le decía alfa cuando está molesto, cuando quería manipularlo, o cuando quería algún tipo de contacto íntimo.

-¿Me harás responsable de lo que sea que hizo, cierto? - preguntó, mientras mordía su labio inferior. Eso era lo único que le faltaba a su semana, su esposo molesto.

Se había enlazado con Izuna aquella vez que su hermano lo había llevado inconsciente a la casa del omega, y ellos no habían podido evitarlo. Su naturaleza les había ganado.

Un par de semanas después, él le había pedido matrimonio al azabache, quien lo había aceptado en el primer intento, sorprendido a Tobirama, él esperaba alguna respuesta negativa sin importar su lazo.

Los preparativos de su boda habían iniciado casi de inmediato, logrando en tiempo récord la realización de la ceremonia que reafirmaría que ellos estarían juntos para siempre.

O M E G A  | TOBIIZUHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora