Prólogo

363 49 72
                                        

—Uenoyama-kun, ¿Puedo preguntarte algo?

—Sí, seguro.

—¿Por qué me besaste después del concierto?

La pregunta le cayó como un balde de agua fría.

Mafuyu ya se le había declarado y habían empezado a salir, por lo que supuso que ese tema ya quedaría en el olvido. Así podría evitarse una incómoda charla sobre cómo perdió el control tras oírlo cantar y se le abalanzó sin pensarlo.

Pero al parecer esos no eran los planes del castaño.

—N-no lo sé...—se limitó a decir, fallando en evitar tartamudear.

—¿No lo sabes?—siguió con la interrogación mientras lo miraba fijamente. Uenoyama giró el rostro, el cual comenzaba a enrojecer, queriendo escapar de esos lindos ojos que tan nervioso lo ponían.

—Solo lo hice sin pensar—admitió con vergüenza.

Se atrevió a regresar su mirada hacia su novio cuando oyó el característico sonido de afirmación que este siempre hacía. Lo mejor hubiese sido zanjar ese asunto allí, pero sin pensarlo demasiado se halló a sí mismo hablando otra vez.

—Acaso... ¿Te molestó que te besara en ese momento?—aunque le preocupaba cual pudiese ser la respuesta, tomó coraje en soltarlo.

Llevaban casi una semana saliendo, y todo esto era algo nuevo para Ritsuka. A veces le costaba comprender que debía hacer o si acaso habían cosas que no se podía permitir hasta que pasara más tiempo. Sumando que sabía un poco de la anterior pareja de Mafuyu, y lo que menos quería era hacer algo que pudiese incomodar a su novio o hacerle pasar un mal momento.

Era su primera relación, la primera vez que se enamoraba... Y no quería arruinarlo por su propia inexperiencia.

Pero para su suerte, el de cabello anaranjado negó con la cabeza.

—No. Por el contrario, me gustó. Y me alegró que lo hicieras... Así pude terminar de entender que me gustabas—lo último lo dijo casi en un susurro, haciendo que el azabache se sonrojara abruptamente y desviara la mirada hacia el suelo.

—Me... Me alegra que así sea.

¡¿QUÉ CLASE DE RESPUESTA ERA ESA?!

Quería responderle algo mejor que eso pero no tenía idea de que decirle, además de que preveía que apenas intentara hablar terminaría entrando en pánico como siempre le sucedía.

A pesar de que al más bajo no le molestara y asintiera a todo lo que le decía, Uenoyama deseaba poder actuar con más naturalidad cuando estaban solos, pero los nervios lo carcomían hasta la médula en cada momento que su novio tenía cualquier leve acción de cercanía con él.

Como ahora mismo que sentía a Mafuyu tomarle de la mano.

Cerró los ojos y mentalmente rogó que su cara no se haya vuelto más roja, que no empezara a temblar o que no le sudara la palma de la mano... ¡O qué al menos su novio no notara ninguna de estas cosas!

Escuchó su nombre ser pronunciado por la melodiosa voz del más bajo, y de alguna manera eso lo calmó un poco. Por un segundo pensó en cuanto le encantaba oírlo decirlo; adoraba la ternura en el tono que siempre utilizaba.

Nunca creyó que podría disfrutar tanto de solo oírlo pronunciar su nombre.

Lástima que aquel momento de afecto y alivio se vio interrumpido cuando Uenoyama abrió los ojos y levantó el rostro, encontrándose a Mafuyu acercándose (peligrosamente) a su cara con los ojos cerrados.

Y gracias a sus nervios de virgen primerizo no ideó mejor alternativa que levantarse bruscamente de donde se hallaba, soltando una exclamación de sorpresa.

El BesoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora