ASHER
Cinco meses después de romper.No he visto a Lucy en un par de meses, más específicamente, desde que terminó el verano y ella tenía el cabello largo y rojizo brillante por el sol. Hoy es simplemente invierno y ha dejado de hacer calor, probablemente desde que la dejé de ver porque, siendo sincero, ella era deslumbrante.
Ahora, estoy completamente solo, detrás del volante del Volvo de mi madre que es viejo y huele a humo de cigarro. Bajo un poco la ventanilla y pienso cómo no lo he hecho en horas, porque conducir hora y media por la carretera incluso cuando detesto hacerlo, solamente para conseguir verla, sigue siendo una estupidez.
Ella bajó del autobús hace aproximadamente diez minutos y lucía incluso más despampanante que antes, con el abrigo enorme de color café oscuro y un par de botas que parecen de esas que son para quedarse en casa y dormir toda la tarde. Su cabello, estaba amarrado en una coleta muy despeinada y la piel se le vea apagada, sin color.
Verla ahí parada, en medio de la ventisca de diciembre, casi consigue romperme el corazón. Por poco me bajo del coche y casi me lanzo a por ella. Pero sé que no es lo que quiere, lo dejó bien claro la última vez que nos vimos.
Déjame tranquila, Asher. Simplemente olvídate de mí.
Y así lo hago, me olvido de la manera en la que come el cereal con tenedor porque les tiene un miedo irracional a las cucharas. Intento no pensar demasiado en cómo le gustan los chistes que involucran gatos y en la forma en la que su risa no suena desastrosa ni molesta, sino que, su risa al igual que todo lo que hace, es perfecto.
Pero no... no puedo pensar de esta manera, ella no lo quiere y lo sé, pero olvidarla es una pendejada.
No puedo hacerlo, ni soy así de fuerte ni quiero hacerlo.
Cansado de darle tantas vueltas al recuerdo de una persona que ya debería de haber desaparecido de mi cabeza, apago el auto, me quito el cinturón de seguridad, que me ahorca, desabrocho el cierre de la chamarra y le doy un golpe pequeño y débil al volante desgastado.
Bajaré.
Bajaré y todo estará bien.
Bajaré y ella querrá verme y dejará la que la bese o al menos que le dé un abrazo.
Bajaré y no haré nada de eso.
Bajaré, conseguiré saber qué hace en el hospital y la seguiré, solo para saber si se encuentra bien.
De camino a la entrada del hospital, comienzo a arrepentirme. ¿Qué pasará si me ve y no está feliz? Me sentiré peor que la mierda.
Me obligo a seguir caminando, me aferro con fuerza a las bolsas de la chamarra y entro casi corriendo entre las puertas eléctricas del hospital porque afuera hace un frío horrible.
Dentro huele a desinfectante junto con un montón de alcohol y a los perfumes de las personas que se encuentran sentadas esperando a que la recepcionista los llame.
Ninguno me mira cuando entro, voy directo al mostrador y me planto frente a la chica de la recepción, está molesta, tiene el cabello despeinado y el maquillaje de los ojos corrido.
—¿En qué puedo ayudarte? —me pregunta sin dejar de teclear en la computadora. Le llama a una mujer que se levanta corriendo de los asientos y le agradece mil veces antes de desaparecer dentro del elevador.
¿De verdad estoy pensando con claridad? Es obvio que Lucy odiará verme aquí.
—Estoy buscando a Lucy —la recepcionista me mira registrándome el rostro un par de veces. Cada vez parece más molesta conmigo, seguro ya ha hablado con Lucy, es la única forma de que alguien pudiera odiarme. —Lucielle Morgan.
El tiempo pasa muy lento entre el momento en el que su nombre me sale de la boca y entre que la chica lo teclea en la computadora sin cambiar ni un poco su expresión. A lo lejos puedo escuchar a las personas de la sala, algunas preocupadas y otras que todavía tienen ánimos para bromear.
—Pero que tierno, viene a ver a su novia.
La voz de una mujer, que suena como mi madre, resuena en mi cabeza y está completamente equivocada. Lucy está muy lejos de ser mi novia. Pero igual le sonrío y me volteo de nuevo.
Todo hace eco en mi cabeza y golpea las paredes de mi cráneo, mareándome.
—No puedo darte información de los pacientes a menos que seas su familiar. —Retoma la plática la mujer del mostrador. Sigue completamente lejana a nuestra conversación y no entiendo cómo lo logra. Hace unos meses mi abuelo estuvo internado en una clínica de juguete, porque mi familia apenas tiene el dinero que gana mi madre trabajando de mesera seis turnos a la semana.
—Necesito verla, es urgente. —miento, porque es claro que no lo es. Pero, aun así, necesito verla. Saber que está bien, posiblemente no esté todo perdido y si es así, quisiera poder saberlo.
No le da tiempo de discutir conmigo, porque la línea fija del hospital comienza a sonar. Levanta el teléfono de cable y se enfrasca en una conversación sobre cubrebocas y cremas humectantes con el doctor García.
Me quedo esperando porque es lo único que puedo hacer, pensar en su cabello rojizo y en los shorts que usó todo el verano que nos conocimos me hace perderme un poco.
Ya no estoy en el hospital, estoy con ella, sentados en la arena, mis manos entre las suyas y los brillos de sus sandalias me deslumbran los ojos mientras me dice que no enviará la solicitud a aquella universidad fuera de la ciudad porque no quiere que dejemos de vernos. Pero yo solo estoy callado, siempre he sido consciente que lo nuestro, si es que alguna vez fuimos algo, no iba a durar.
La mujer que estaba haciendo comentarios sobre Lucy y sobre mi, se levanta de la silla para colocarse un poco del gel antibacterial qué hay sobre el escritorio y me pilla desprevenido.
—¿Qué pasa con la recepcionista? No puedo creer que haya gente tan grosera. Mi hija y yo llevando esperando dos horas a que nos dejen pasar a ver a mi marido y esa mujer simplemente está dándonos vueltas.
Asiento aunque realmente no sé porqué lo hago. Al mismo tiempo la recepcionista deja el teléfono en su lugar y nos mira a ambos, volteando los ojos, claramente molesta.
—¿Sigues aquí?
La mujer le pide que me deje pasar a ver a mi "novia" y aunque al principio se pelean un poco, termina convenciéndola, de mala gana, la recepcionista me dice el número de la habitación y me deja pasar.
Me saco la arena de los jeans, le tomo la mano y ella también se pone de pie, andamos juntos hasta el Volvo de mi madre y aunque nos quedamos apenas unos segundos mirándonos fijamente, Lucy baja la mirada.
—Espero que no te moleste esto, pero... —su sonrisa es un recuerdo. Su cabello ha dejado de brillar y yo soy un idiota al pensar que ella realmente me quiere. —no quiero vuelvas a llamarme, ¿Vale? No lo hagas.
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Si no me dices la verdad
Kort verhaalLucy odia a Asher con toda su alma. Odia cada detalle que aún recuerda de él. Odia su cabello ondulado y su sonrisa brillante. Odia los recuerdos de ellos dos juntos que aparecen cuando se mete al agua. Odia que cada día desde que rompieran parezca...