Capítulo 2

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EMMA BLOSSOM

—Bienvenidas a Seattle: donde el sexo es gratis y el amor es caro. Donde la pizza llega más rápido que una ambulancia. Donde perder tu teléfono duele más que perder la dignidad. Donde la ropa dicta tu valor, la lealtad es un accesorio opcional, y tus amigos no son más que espejos de envidia. Aquí, el dinero es la verdadera justicia. Bienvenidas a la era oscura: donde la mentira es tendencia, la traición se viste de inteligencia, y la pobreza es un pecado imperdonable. Ah, y si no perteneces al círculo... simplemente no existes.

Ah, bueno.

Una chica castaña surgió detrás de un árbol, jugando con una manzana, y se unió a la rubia que había dado la bienvenida. Se enganchó de su brazo como si fueran dos ancianas paseando por un parque y sonrió con descaro.

—¿Círculo? — preguntó Emily, con la boca abierta como si acabara de descubrir un oscuro secreto.

Mientras tanto, Camila suspiró, observando unas flores horrendas en los arbustos cercanos, claramente más interesada en cualquier cosa que no fuera la conversación.

La rubia frunció el ceño al ver a la castaña interrumpir su monólogo. Se soltó bruscamente de su brazo, molesta.

—¿Por qué haces esto? Es mi trabajo temporal atraer a los nuevos estudiantes, no el tuyo. Búscate uno — le dio pequeños golpes en el brazo, más teatrales que agresivos, mientras la castaña sonreía nerviosa y le pedía que parara.

Yo, sin interés en la escena, suspiré y cambié de tema.

—¿Dónde está el baño? — pregunté, frotándome el brazo izquierdo con desgana.

La castaña y la rubia continuaban parloteando como si el mundo dependiera de ellas. Si un Golden Retriever tuviera forma humana, sin duda serían ellas.

Emily arqueó una ceja al notar mi gesto y examinó mi brazo con atención exagerada.

—¿Estás bien?

Lo dudé. Explicar mi vida era como darle cuerda a un reloj roto. Finalmente, suspiré.

—Quiero ir al baño — rodé los ojos, irritada por su mirada de preocupación.

Cómo detesto tener que explicar cosas.

Violetta, la rubia superficial, intervino, jugando con un mechón de su cabello.

Tan fácil de distraer... tan patética.

—¿Tan temprano quieres ir al baño? — preguntó, con una sonrisa estúpida.

Cuarenta minutos atrapadas en esa limusina fueron suficientes para que deseara desaparecer del mundo. La voz de la rubia no me molestaba... pero su presencia sí.

—¿Me lo dices... o quieres que te obligue? — murmuré, acercándome un paso más.

Antes de que pudiera reaccionar, Emily se interpuso, siempre ahí, como un obstáculo innecesario.

—Hey, calmate — le sonrió a Violetta, forzada—. Lo siento, linda. ¿Podrías decirnos, por favor, dónde están los baños?

Violetta suspiró, señalando con desgano:

—Al final del pasillo, a la izquierda. Puertas grises.

—Para algo sirves, al menos — murmuré, dándome media vuelta sin dignarme a esperar.

—Gracias — escuché que murmuró Emily detrás de mí—. ¿A dónde fue Camila? — preguntó, girando la cabeza como un perro perdido.

—Debe de estar inspeccionando la biblioteca — respondí en voz baja, soltándome de su agarre.

Imparable (borrador)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora