Prólogo

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16 de marzo, 2017.
12:08 AM.
Seattle, Washington.

El tic-tac del reloj sonaba a lo lejos, como si viniera de otro mundo. No podía pensar. No podía moverme. Todo estaba detenido, excepto la imagen que me quemaba la retina.

—Se ha ido.

La frase flotaba en el aire y no la entendí. No podía. Mi cuerpo estaba rígido, mis manos manchadas de carmesí colgaban sin fuerza, y mis pies parecían clavados al suelo.

—¿De qué estás hablando, Emma?

Silencio. Mi garganta estaba seca. Podía escuchar mi propia respiración, pero no sentía que fuera mía.

—Emma, por favor. ¿Qué ha ocurrido? ¿Peleaste con ella?

Ella se llevaba las manos al cabello, desesperada, pero yo apenas la veía. Frente a la puerta de la residencia, vestida de negro, dejaba caer sangre sobre mis manos y mi ropa. La visión me atravesaba, y no podía procesarla. Nada tenía sentido.

—No... No... yo — mi voz salió rota, apenas un susurro—. Yo no la salvé.

—¿De qué estás hablando?

—No la salvé.

—¿A quién? ¿Emma, a quién no salvaste?

Bajé la cabeza. Cerré los ojos. Las lágrimas caían sin que yo las sintiera. Cuando los abrí de nuevo, seguía congelada, perdida, vacía. Solo susurré:

—Está muerta.

—¿Quién? ¿Quién está muerta?

—Una Blossom.

Y entonces todo dejó de importar. La sangre, la noche, la presencia de la mujer frente a mí... Nada alcanzaba a mi mente. Solo estaba allí, atrapada en el shock más absoluto, incapaz de moverme, de pensar, de reaccionar.

Imparable (borrador)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora