Necesito una historia así...
La tinta mágica apenas se había asentado sobre la piel pálida del antebrazo de Draco, justo encima de donde solía estar la Marca Tenebrosa. La pequeña Snitch dorada movía sus alas de plata con un brillo tenaz.
Draco se había hecho el tatuaje pensando en Harry Potter para llamar su atención. Había intentado de todo. Compraba las lociones que sabía que a Harry le llamaban, e incluso le había devuelto su Saeta de Fuego "accidentalmente" engrasada para que tuvieran que hablar a solas media hora. ¿Y qué hizo Harry? Darle las gracias torpemente, asumir que Malfoy simplemente se había vuelto "inesperadamente educado tras la guerra".
—Malfoy, se te va a enfriar el té si sigues mirándolo como si quisieras petrificarlo —murmuró Blaise.
—No lo estoy mirando —mintió Draco, arremangándose la túnica justo cuando Harry pasaba cerca de su mesa.
La Snitch de su brazo comenzó a revolotear más rápido, reaccionando a la magia de Harry, y voló en círculos alrededor de la muñeca de Draco, tratando de llamar la atención de su persona favorita.
Harry se detuvo en seco. Sus ojos verdes estaban fijos en la muñeca de Draco, enormemente abiertos.
—¿Eso es... una Snitch? —preguntó Harry, dando un paso hacia la mesa de Slytherin.
—Qué observador, Potter —dijo Draco con una sonrisa ladina—. Pensé que necesitabas algo brillante para recordar hacia dónde mirar.
—Es... se mueve —balbuceó Harry, acercándose.
—Claro que se mueve, Potter. Es magia pura. Y reacciona a ciertas... presencias.
Harry se sonrojó de golpe, mirando el tatuaje y luego los ojos grises de Draco.
—Ah —dijo Harry—. Claro. Te gusta mucho el Quidditch. Supongo que por eso...
Draco pidio paciencia al universo.
—Sí, Potter. Es por mi insuperable amor al deporte —sarcásticamente suspiró Draco, bajando la manga para cubrir la dorada figura que no dejaba de aletear desenfrenadamente.
Draco enamorado de Harry y Harry enamorado de Draco.