¿Por qué dejaron, más bien,
por qué han de convertirme en aquello?
Porque de ese modo se librarían de un gran impuesto,
porque favorecerían a las perversiones
de uno más grande,
porque de ese modo recordarían
que tienen misiones que cumplir
no encuentran algún otro motivo
¡ah! Me duele el estomago y no de hambre
Me inca el abdomen y he de pasar, sí, he de pasar
por este desdén
Porque lo que he transformado en mí
no es sino obra de su alrededor.
No hay pero. Mucha hambre,
mucha resignación, muchos bolsillos llenos con dinero
que les es ajeno,
y yo me pregunto, ¿a quién ha de favorecer?
¡Dónde están esos rostros, sin vergüenza! Fuerte es,
pero nada vale en palabras
de un trasmundano; a menos, será,
que fuera el veredicto de uno de los suyos,
del que ha caído no, del que se ha regocijado
en el pesar de otros y ha aspirado
aún más lejos, su dolor, su queja, pues son todos mediáticos.