SoyAnastasiaArias

────  ◟ “ bienvenida sea usted 

SoyAnastasiaArias

────  ◟ “ entiendo eso, es horrible pero me alegro que no te dejes, y si necesitas ayuda para defenderte, aquí estoy, me apunto  a lo sea, y claro, soy anastasia, anastasia arias, ¿ quién es usted ? 
Balas

SoyAnastasiaArias

────  ◟ “ ¿ de verdad ?, discúlpeme si seré un poco entrometida, pero, ¿ podría saber la causa de ello ?, por cierto, tiene usted un cabello como el color de la nieve, es hermoso 
Balas

SoyVeIaryonJace

¿Alguien con mi rostro? Es totalmente confuso. Me ofende que decidan jugar con esto y que debido a tu sufrimiento se aprovechen, puedo decir con certeza que soy yo... ¿Cómo te encuentras, madre?

SoyVeIaryonJace

Madre. Tus palabras calman un estruendo que ni siquiera el metal logra acallar. Contigo cerca, la carga del cetro deja de parecer una fatalidad y regresa a ser una obligación que con facilidad puedo aguantar. Si alguna vez la inseguridad me alcanzó, fue la propia, nunca vuestra. Asevero tener presente que aún soy tu vástago ante que sucesor. Mientras tu alma siga vibrando entrelazada con la mía, ningún adversario podra despojarnos de aquello por lo que tanto nos hemos esforzado. Y sí. Acepto aquel recorrido. Ha transcurrido demasiado tiempo desde la última vez que nuestros seres voladores surcaron las alturas en compañia. Quizas, por un lapso breve, permitiremos que la brisa nos haga rememorar nuestra identidad anterior a que el conflicto se apropiara de nuestras identidades. Allí, suspendidos, no existirá soberana ni primogénito. Sólamente una madre y su vástago.
Balas

SoyVeIaryonJace

En eso tienes toda la razón, no podemos sentir lastima de aquellos que solo buscan aprovecharse o tener esa situación como una ventaja. Mucho menos que te hayan engañado con alguien igual a mi, ¿No has obtenido noticias de algo? Tanta tranquilidad es algo que no puedo dejar pasar como algo pasivo. ──musitó casi para él mismo, estando en los brazos de su madre era una total tranquilidad y paz para el jóven príncipe.── Yo estoy feliz de que ese orgullo no se desvanezca por tu parte, seguiré demostrando que soy alguien apto... Incluso para protegerte.
Balas

SoyVeIaryonJace

Cada día es como un desafío que enfrentar, tuviste que lidiar con una falsa copia o alguien que solamente jugaba entre tu mente para hacerte sufrir o simplemente aprovechar esa debilidad tuya. Madre, me ha de alegrar que todo esté en orden... Por ahora. Ver tanta tranquilidad es algo inquietante para mí, sumamente raro y confuso a la vez. ──el muchacho suspiro, tragándose sus demás diálogos no dudo en ir a su madre y así envolverla en sus brazos.──
Balas

SoyBaelaITargaryen

Hace poco me encontré con tu hijo. Fue entonces cuando me pregunté dónde podría encontrarte, pues imaginé que andarías cerca. Es un placer volver a verte, Rhaenyra. Mi padre se preocupa mucho por ti, y yo también. Bien podría decirse que ya eres mi madrastra desde que te desposaste con él, aunque será mejor no detenerse demasiado en ese pensamiento. No me haría ninguna gracia considerar a mi futuro esposo como mi hermanastro. Ya sabes que nunca he sentido gran inclinación por las viejas costumbres de nuestra casa en lo que a matrimonios se refiere. Supongo que por eso siempre he sido la más díscola de las hijas de Daemon. Rhaena siempre ha sido la más sensata de las dos, y, para colmo, he crecido teniendo delante a la princesa que todos consideran el ejemplo que debería seguir. Pero basta de desvaríos. Dime, ¿cómo te encuentras?

SoyBaelaITargaryen

Siempre encuentras las palabras precisas, Rhaenyra. Ignoro si es un don o algo que se aprende con los años, pero consigues aligerar cargas que una juraría imposibles de mover. A veces olvido que no tengo por qué parecerme a nadie. Ni a Rhaena, ni a mi padre, ni siquiera a ti. Supongo que crecer rodeada de nombres tan grandes hace que una termine preguntándose si algún día estará a su altura. Pero tienes razón. Ningún dragón nace para volar bajo la sombra de otro. Me entristece saber que los días no han sido benignos contigo. Ojalá pudiera cambiar eso. Has soportado pérdidas y responsabilidades que bastarían para doblegar a muchos, y, aun así, continúas en pie. No sé si alguna vez te lo dicen lo suficiente, pero te admiro por ello. En cuanto a mí, me encuentro mejor. Hace poco sufrí una caída de Danzarina Lunar y durante unos días el cuerpo decidió recordarme que hasta los jinetes de dragón besamos el suelo de vez en cuando. Sí… dicho en voz alta, hasta resulta gracioso. Lo dichoso es que el maestre ya no frunce tanto el ceño al verme, así que supongo que es buena señal. También he pasado mucho tiempo junto a Jace. Hablamos de cuanto nos aguarda cuando todo esto termine si Los Siete tienen a bien concedernos ese día. A veces nos descubrimos imaginando un futuro tan sencillo que casi parece un sueño. Nos imaginamos un hogar en paz, viajes al Norte o a Dorne, hijos que conozcan primero el canto de los pájaros antes que el estruendo de la guerra. Me aferro a esos pensamientos porque me recuerdan por qué merece la pena seguir luchando. Y, si he de ser sincera, también os he echado de menos. Conversaciones como esta son un alivio. Durante demasiado tiempo hemos hablado rodeados de mapas, cuervos y noticias de muerte. Es agradable poder hacerlo, por una vez, como familia.
Balas

SoyTelemaco

Rara vez han contemplado mis ojos una cabellera de tan níveo fulgor. Resplandece cual plata bruñida bajo la mirada de Helios y no parece don concedido a los mortales. Me pregunto de qué estirpe y de qué tierra procedes, aunque, al contemplarte, casi me inclino a creer que moras entre los bienaventurados del Olimpo, o que alguna deidad quiso dejar en tu linaje tan singular señal.

SoyTelemaco

No sería conforme a la buena costumbre que siguiera hablándote sin haber dicho quién soy. Me conocen por el nombre de Telémaco, hijo de Odiseo, el de muchos ardides, y de la prudente Penélope, señora de la áspera Ítaca. Salve, reina Rhaenyra. Que Zeus, protector de los reyes, afiance tu cetro y haga florecer tu linaje. Tal dignidad te corresponde por derecho.
Balas

SoyTelemaco

Rhaenyra… es un nombre digno de una reina. Confieso que jamás habían llegado a mis oídos noticias de un linaje unido a los dragones. En mi tierra se cuentan historias de hombres que dieron muerte a terribles criaturas para alcanzar gloria imperecedera, nunca de una estirpe que caminara junto a ellas. Si cuanto dices es cierto, los dioses han concedido a tu casa un destino extraordinario. Y si eres reina, recibe el respeto que merece quien carga sobre sus hombros el peso de un reino. Dime, si no juzgas indiscreta mi pregunta, ¿cómo son esas criaturas a las que llamas dragones? ¿Son tan temibles como cantan los aedos acerca de las bestias nacidas en los días antiguos?
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SoyKentINelson

Qué color de cabello tan peculiar, nunca había visto personas en Ítaca con ese color. Perdónenme el atrevimiento, ¿con quién tengo el gusto?

SoyKentINelson

Tus palabras poseen la sabiduría de los reyes más antiguos, reina Rhaenyra. En mi tierra decimos que el hombre que desenvaina la espada antes de preguntar el nombre de su huésped, no es un guerrero, sino un cobarde que le teme a lo desconocido. Me alegra saber que, incluso bajo un cielo que no reconozco, la nobleza se reconoce sin necesidad de heráldica. El placer ha sido de este marinero. Si el destino o los hilos de tus dioses vuelven a empujar tu barco hacia estas costas, búscame junto al timón. Estaré encantado de cambiar historias de reyes astutos y mares embravecidos por los relatos de tus jinetes de dragones y ese trono de hierro que te aguarda.
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SoyKentINelson

¿Reina? ¿Targaryen? ¿Siete Reinos? Perdona mi ignorancia, mi señora, pero en los mapas de mi rey Odiseo, el mundo está rodeado por el gran río Océano, y te aseguro que ningún heraldo ha cantado jamás las hazañas de tu linaje en las plazas de Micenas, ni en los templos de Tebas, y mucho menos en las tierras altas de Kush de donde provengo. Llamas a mi ignorancia "atrevimiento", pero para mí es solo el tamaño del mundo. Verás, Ítaca es una tierra de roca, olivos y hombres tercos. Es una isla pequeña, pero es el hogar del rey más astuto que ha pisado la tierra. Está rodeada por el mar Jónico, muy al norte del gran continente de Libia, que es de donde provengo. Si tu nombre no resuena aquí, reina Rhaenyra, tal vez sea porque tus Siete Reinos están más allá de las Columnas de Heracles, donde el mar se vuelve eterno. O tal vez... las tormentas de nuestros dioses nos han arrastrado a un océano que no pertenece a ningún mapa conocido. Dime, majestad de los cabellos de plata... si tus reinos son tan grandes, ¿qué tormenta te ha traído a los muelles de los mortales?
Balas