¿ Les gustaria que lo publique ?
Sentí que el mundo se detenía.
Ahí estaba Harry. Pero no estaba solo. Estaba acorralando a un chico rubio contra la pared, devorando sus labios con una pasión que nunca se había molestado en fingir conmigo. El chico lo sostenía de la cintura con posesividad, y Harry tenía sus manos enredadas en su cuello, atrayéndolo más hacia sí.
Se separaron apenas unos milímetros y Harry le susurró algo al oído con una sonrisa que me desgarró el alma. No necesité escuchar las palabras para entender la invitación. Mi pecho subía y bajaba en espasmos violentos; sentía una presión tan enorme en el corazón que estaba seguro de que iba a estallar. Abrí la boca para gritar, para reclamar, para morir, pero no salió nada.
Los vi desaparecer dentro del baño y, por más que mi dignidad me suplicaba que me fuera, no pude apartar la mirada. Me quedé allí, petrificado, mientras mi vista se tornaba borrosa por las lágrimas que finalmente habían decidido desbordarse. No podía respirar. Mi mundo, ese frágil castillo de naipes que había construido alrededor de Potter, se derrumbaba con un estruendo que solo yo podía oír.
Sentí una mano cálida tomándome y arrastrándome fuera de la posada. Me dejé guiar como un espectro, caminando en un vacío absoluto hasta que el bullicio de Hogsmeade se convirtió en un eco lejano.
—Lo siento tanto, Draco... —Era la voz de Viella.
No pude más. Me derrumbé en el suelo y rompí a llorar con una desesperación que me sacudió los huesos. Ella me abrazó con fuerza y yo me aferré a ella como un náufrago, sollozando contra su hombro.
Él no me quería. Lo sabía desde el principio, me lo había dicho mil veces con sus silencios y sus huidas. ¿Pero por qué dolía tanto confirmar una verdad que ya conocía? Me había cambiado en cuestión de horas, sin un ápice de remordimiento. Yo me quedaría aquí, desangrándome en la nieve, mientras él buscaba la felicidad en brazos extraños. ¿Por qué la vida tenía que ser tan malditamente cruel?