A cierta edad uno sabe que hay tristezas que nunca van a ser cubiertas, por nada, ni por nadie.
Es como una verdad disputada en duelo, un disparo, una bala que entra a bocajarro. No habrá mares, ni abrazos. No habrá nada, solo la tristeza contigo, solo a ratos.
He caído tantas veces que mi cuerpo ya no sabe como llorar. Intento consolarlo, me pide olvido, como si callar borrara lo que duele.
Y, aun así, cada silencio descubro que sigo en pie.
Deja que la vida duela, deja que sane y luego lo olvidarás...