—Dime, Park Jimin... Si pudieras ser intocable, si pudieras ser el rey en un mundo perfecto diseñado a tu medida, donde nada puede lastimarte y todo te pertenece... ¿Acaso no te quedarías siempre en un lugar donde tienes todo el poder?
Jimin sostuvo la mirada de Yoongi, sus propios ojos brillando con una ambición feroz y desmedida, y una sonrisa coqueta y confiada se dibujó en sus labios.
—Sí —respondió Jimin, su voz firme, segura, sellando su propio destino sin saberlo—. Sí, me quedaría para siempre.